“La sala se fue
oscureciendo a medida que la Luna amarilla se iba perdiendo entre esas nubes
que eran cómplices de una lluvia por llegar…a todos ahí la espera de estar
esperando les agotaba pero a él no, a él esa espera le encantaba…tal vez porque
conocía el resultado o tal vez porque en el fondo de la mente deseaba que
ocurriera algo diferente, para que todo cambiase de nuevo, romper todas las
expectativas, porque a los seres humanos les encantan las expectativas, son
como un aliciente, un vicio, algo a lo que te aferras…a él ya no le hacía
efecto ese tema, ahora gustaba de estas funciones nocturnas de teatro. Lo descubrió una noche como tantas, donde
embriagado de melancolía y sin sabores recorría la ciudad a pie arreglándose el
cuello de la gabardina y ajustando la bufanda para evitar que el frío le
cortase la garganta. Le gustaba el frío y la soledad que le acompañaba cuando
realizaba estas caminatas hasta que se topó con ese local…tan perdido como él,
tan oculto como sus cigarros en el bolsillo y no sabe porque, pero algo le
llamaba para que entrará, y fue así, como se halló con esto: el teatro, y todas
esas pequeñas letras convertidas en palabras y terminadas en guiones. Le
fascinó aunque jamás había actuado, aunque jamás había estado en un lugar
así…lo lúgubre de su existencia, y las ideas que de ese templete emanaban. Y
así fue, como empezó a ir, todos los martes a la medianoche. A escuchar
historias de vida, historias irreales e increíbles ataviadas de ese matiz
romántico y melancólico que, a él, un solitario insensato le parecían sumamente
atractivas…sentía ganas de aplaudir, de subir al escenario y contar una
historia o participar, pero por ahora, estar entre la gente parecía ser
suficiente. Hoy la función consistía en un monologo, la mujer disfrazada de una
artista madura contaba de su historia, de los sueños cumplidos a la mitad por
la falta de tiempo y la falta de sacrificio, tocaba los temas a profundidad
desde la niñez hasta perderse en la rutina y desafiar al sistema para caer
presa del mismo y poder traer comida a su mesa para terminar en una historia
donde se arroja desde un edificio. Al terminar la función, se quedó un rato,
como Siempre, algunos se quedaban a dialogar, a beber una copa o a jugar cartas
o sencillamente a escuchar el piano tocarse de vez en cuando. Al final, nadie
sabía quién era él y era mejor mantenerlo así, ser cualquiera menos el mismo,
ser quien la otra persona quisiera que fuese, menos ser él, porque no todos los
días uno quiere ser uno mismo, hay días que queremos ser alguien más. Era un
Ladrón, y los que viven fuera de la ley, suelen ser eso, unos sin rostro. Nadie
le preguntó su nombre, nadie le preguntó su procedencia, solo era, él, ese de
sombrero oscuro y mirada perdida, de ojos café oscuro y barba negra con su
cuota de canas. Hoy no sería como otras noches, desde hace días pensó en que
hoy le gustaría tocar, así sin más, así sin decirle a nadie para no sé,
desahogarse supone él. Le encanta ponerle fin a sus pensamientos con música
tonta y melancólica. Así fue que se sentó en el banco del piano, encendió el
cigarrillo, dio una gran calada y fue arrastrando los dedos sobre las teclas
hasta que se originó la melodía, con sus tintes caóticos y metódicos la música
fue subiendo de tono mientras los que se quedaban le miraban, admirando el
tacto de sus manos sobre el instrumento…pero él solo veía a una de las
personas, solo a ella…que sin querer, se encontraba con su mirada cuando le
veía recorrer la mirada por la sala…sus cabellos castaños cubrían los ojos,
pero no la mirada, no protegía el corazón y eso fue lo que le atrajo
repentinamente…y fue así como se fue acercando cayendo en el abismo de esa alma
en pena…suele ocurrir que las personas les gusta rescatar a las almas en pena,
sin embargo, es porque en el fondo fueron presas de un cazador sin corazón y
buscan redimirse. El ladrón finalizó su actuación, encontró un par de aplausos
y salió de ahí, sin más, cambió su copa por un vaso de plástico tomando el
abrigo ajustándole el cuello y escapando a la noche fría. Un par de calles
adelante, el olfato encontró un perfume de mujer, si, lo reconoció de inmediato
y fue a ocultarse, cuando ella pasó, le tomó de la mano diciéndole al oído,
-
Es muy noche, para andar sola
por ahí, dejando la estela de tu perfume a tu paso.
-
Lo sé, pero no pude evitarlo,
la melodía allá dentro, tus ojos mientras la tocaba me hizo sentir algo extraño
que no pude descifrar y tenía que saber el titulo
-
Hay canciones cuyo título es
mejor mantenerlo en el anonimato, al final, uno decide cómo llamarles a las
melodías y otros les adaptan la historia a como les conviene, ven, tomemos un
taxi.
Le dijo al taxi
que se detuviera justo en El Jardín de las Estatuas, le ayudo a bajar y
caminaron…a medida que recorrían las estatuas le explicaba quién era quien, y
sus logros en el mundo Le fascinaba ese lugar, y es porque solía visitarlo con
un par de amigos de la infancia…cuando el mundo era otro y los niños podían
andar un poco más por las calles de la ciudad sin que el terror y la ansiedad se
apoderase de ellos…fue así, como la atraía hacía él, contándole un poco de todo
y de nada, de lo que le apasionaba, de sus robos y sus besos, contándole como
se la comería a besos porque ella era quien quería saber quién era. Entonces se
dio cuenta que Ella era la del monologo, que extraño, parecía alguien
totalmente diferente y se lo dijo. Ella le sonrió diciéndole, no ves que todos
somos otra persona en la mente de alguien que nos conoce. Era una ladrona
también al parecer. Igual que él…Solían robar corazones atormentados, vivir al
límite de cómo viven los locos. Recorrieron la ciudad mientras se devoraban a
besos como solo los que jactan de ser ilusos y nada justos lo hacen. Se
revelarían sus identidades al calor de sus cuerpos desnudos en aquella sala
donde todos son alguien más, en el teatro de los monólogos, de los clásicos y
las obras irreverentes, ahí recostados tras bambalinas se comían el uno al otro
como los desahuciados se comen los platillos que sobran hasta quedarse dormidos
exhaustos, pero solo los martes de medianoche, los martes en los cuales él
solía caminar por la ciudad hasta llegar ahí.
Habían decidido no decirse sus nombres verdaderos, solo yacían juntos,
aunque todos sabemos cuán peligrosos es eso…suele cambiar, mutar, convertirse
en algo más y rebasarlos como la tormenta a los barcos. A él no le gustaba como
sonaba eso, lo había vivido ya algunas veces y cuando se percataba estaba en
esa monotonía donde terminaba odiando lo que ocurría y tenía que huir de nuevo.
Cuando el botín de besos, caricias y sueños juntos se iba perdiendo por ir al súper,
planear los días y buscar cómo encontrar tiempo para ver a todo mundo. El
problema con el ser humano es que piensa que no puede caer nuevamente y justo
cae de nuevo en la esperanza, en la ilusión, en la sonrisa que la otra persona
ofrece y en la calidez del corazón que se abre ante la persona para amarse.
Maldita sea, se dijo a sí mismo el ladrón mientras yacía junto a ella en el
Jardín de las Estatuas, estaba atrapado de nuevo. Empezaba a notar por un lado
un vacío terrible que le comía las entrañas haciéndolo sentir extraño, perdido,
melancólico y deseoso de salir corriendo y es por ello que volvía a despertarse
entre gritos y sudando de sus manos. Pero por caótico que parezca, esos ojos
hermosos de Ella apreciándolo y abrazándolo fuerte parecía calmarlo, parecía
destruir la desilusión con cariño, el vacío con amor y la rutina con grandes
historias y sonrisas que parecía no cansarle. Optó por decirle quien era, no
sabía si para que se rompiera el encanto o para que ella lo quisiera más…Por más
que quisiera lo primero, en el fondo deseaba lo segundo. Pero el amor no es
fácil, amar no es para los temerosos sino para los sobrevivientes, los fuertes,
los que aman sin importar el pasado y buscan el futuro viviendo el presente. Se
quedaron juntos, que importaba el tiempo y los ratos en silencio. En el cielo
de la Tierra, en un mundo de personas iguales, Ella era única y por eso le
encantaba. De vez en cuando, por gusto, los martes a media noche van al
teatro…a veces a tocar el piano después que se terminan las funciones y no
queda nadie y otras veces a participar en los monólogos…sobra decir, que el
amanecer los encuentra ahí en el Jardín de las Estatuas del Mundo de Morfeo”.
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