sábado, 19 de octubre de 2013

El Payaso

“De niño solía amanecerse viendo películas de terror, su temor infundado lo llevaba a continuar frente a ese aparato que había llegado para quedarse, el televisor. Repetía películas una y otra vez para aprender sus diálogos e imitar las voces de los grandes artistas en ese cine blanco y negro, conoció de cerca sus historias e imaginaba trascender en ese mundo mágico donde uno puede ser lo que sea en el momento menos pensado, era un volado. No había personaje que no se le diera, podría ser mesero, capitán de barco, charro cantor o policía, ladrón de buena fe o poeta perdido en la luna, enmascarado o loco. Durante el día leía esos libros polvorientos de tiempos antiguos y de épocas avasalladas por el tiempo, al llegar de la escuela, no salía con amigos ni a jugar más que los viernes, vivía en una mezcla de actor, filósofo y ermitaño. Era una misión sentirse en todos esos lugares a lo que jamás había estado pero que alguna vez iría se dijo a si mismo, debía cumplir sus sueños y no le importaría perderlo todo para obtenerlos. Desayunaba en Europa, comía en África y cenaba en Sudamérica. Acompañado por actores, autores, que acomodaba en la mesa de su cuarto con sus copas de vino, utilizaba cachuchas o sombreros para identificarlos y con ellos debatía sobre todos los temas. Un soñador al que no le importaba la situación que prevalecía en casa donde había mucho que hacer y poco que tener. Durante la noche se sentaban frente al viejo televisor en la mullida sala para ver lo nuevo del mundo, ese mundo irracional y al que a el le parecía un tanto irreal, el de las noticias. No se escuchaban los balazos ni llegaban a casa las manifestaciones le costó unos años darse que era parte de ese mundo hasta que un día la comida escaseó y justo un día que acompañó a su padre al trabajo lo entendió todo. Caminaron al autobús el cual duró un par de horas en llegar, emocionado por conocer el trabajo de su padre el jugaba a ser el chofer, a caminar imitando sus pasos y veía como las casas iban cambiando cada cuadra que avanzaban. Casas de dos pisos, de block, bien pintadas y con esos portones que el jamás había visto. Se sentía en una de esas películas que veía durante las noches en el televisor, su padre entró por una puerta lateral a una gran casa y en el encontró su lugar…aun cuando descubrió en que trabajaba papá. Espero a que saliera del cuarto donde le dijo que esperase, deambuló entre sombreros, zapatos grandes y narices rojas anonadado cuando su papá salió no le reconoció. Sonriente, pintado del rostro vistiendo un overol colorido con grandes zapatos y esa nariz roja que intimida y alegra la vida de los niños. Aterrado corrió rumbo a la puerta, en llanto por tan grotesco cambio para el que no entendía por que tenía que vestirse así para ganarse la vida, y entonces chocó con ella y cayó al piso. Pasaron mas de 10 minutos, mientras le echaban aire para recuperarse alrededor de él estaban otros payasos y ella que le sonreía tímidamente, angelical, diminuta así la recuerda de cabellos negros y ojos pequeños. La explicación, vendría después dijo su Papá puesto que el espectáculo debía empezar…aun con el miedo, y la desazón de no saber que hacía el, se sentó en un silla en la orilla y su rostro comenzó a cambiar a medida que veía lo que realmente hacían. Animales en forma de globo, juegos en el escenario, teatro guiñol, caídas, bromas, risotadas que hacían al poco público aplaudir y a los niños reír, un juego que se extendía por todo el lugar y en el que todos podían participar. La niña estaba del otro lado de la orilla, uno de los payasos era su tío y no temía a ellos puesto que en su casa había fotos de ellos, terminaba por conocerlos mas con pintura que sin ella al final del espectáculo con pocas monedas en el bolsillo y con unos aplausos en el corazón, Padre e hijo se tomaron de la mano y el le contó la historia de los payasos, redentores de la alegría, causantes de risa, bufones de reyes y eternos sonrientes en una vida cada día mas trágica y que se iba perdiendo en el olvido de las nuevas costumbres. Y el le confesó no era tan bueno, pero tu le digo serás muy bueno en lo que desees, y te daré todo lo que pueda, ahora acompaña a tu padre mientras se despinta, Así pasarían 15 años.
-          Hola, hola. Despierta…¿La Luna esta muy lejos de aquí? Ya estamos por terminar
-          Claro. Disculpa, continúa.

El Actor se encontraba en camerino siendo desmaquillado su personaje requería de un par de horas de preparación y hoy era casi el final de la jornada. Fue un día muy largo y ahora todo lo que quería era irse a descansar, de camino llegó a comprar cena para calentar y subió las escaleras, el elevador volvió a fallar por enésima vez, pronto se iría a un nuevo departamento se dijo, recolecto su correspondencia mientras encendía la música, abrió la ventana y se asomó al balcón. La luna resplandeciente y ese baño de aroma citadino que incluso arriba se siente. Estaba subiendo en su vida profesional en ese ámbito artístico donde cuesta tanto crearse una reputación o un personaje. Cuentas, cuentas, solicitudes, tarjetas y un sobre de colores que lo dejo caer, resbaló sobre sus manos como se nos resbala la vida y sus años. Sabía de antemano de donde provenía ese sobre pero ese frío recorriendo su espalda es el de alguien que no sabe a que viene el sobre pero sabe que no es algo bueno. Tomó una cerveza del refrigerador recorriendo la ciudad con sus ojos intentando recordar cuando fue la última vez que fue a su casa, pero le costaba hacerlo…abrió el sobre y fue dando tumbos sobre esos años en los que fue uniéndose a esos actores que navegaron por las aguas del mundo, desde el fondo para encontrar su camino y recompensa ante esas puertas que se abrieron poco a poco y jamás fueron todas buenas pero de experiencias vive el hombre. Del lado derecho el sello era de globos y estrellas como le hubiese gustado a cualquier niño. Pero el odiaba a los payasos y su recuerdo evocaba ciertos pasajes que había decidido olvidar cuando se fue de ahí, se prometió a si mismo que jamás perdería así la dignidad y vendería su alma al diablo antes de volver a acompañar a su padre por esas calles empolvadas y esos teatros hechos de sabanas y palos. Empezó a leer la carta que había sido escrita por su mamá, solo a ella le había dicho su paradero años después y le solicitó por favor no visitarlo, solo le decía en ella que estaba bien, continuaba haciendo audiciones y trabajando durante la noche para pagarse sus ilusiones porque todos sabemos que vivimos de ilusiones que conseguimos aterrizar muy de vez en cuando, pero siempre fue el testarudo. La carta empezó en la cursilería y terminó haciendo erizar su piel, la cerveza no fue suficiente y se levantó de nuevo a apreciar ese cielo mientras decidía que hacer. Todos se enterarían pensó, de su pasado, de las historias que tanto había intentado evitarle a su subconsciente recordar, pero he ahí una solicitud de apoyo, una mano para levantarse, el llamado de quien la vida le dio, y ante eso es tan difícil para el ser humano resistirse. Esa noche batalló para dormir, a pesar de haber bebido un poco mas, y de resolver su noche viendo viejas películas como en antaño solo que ahora su televisión tenía mejor nitidez y el sonido era como en los teatros, había crecido se decía, renació, se hizo hombre, cumplió su sueño porque tenía que involucrarse de nuevo en todo eso que dejó atrás, la respuesta venía en la pesadilla que esa noche no dejo dormir. En la selva corría pero su velocidad bajaba a cada paso que daba, y animales ocultos en esa oscuridad le perseguían con sus ojos rojos como la sangre, amarillos como el sol, y el se refugiaba en los arboles que iban cayéndose para que no pudiera refugiarse, con el cuerpo adolecido iba a ser engullido por la noche y sus habitantes, estaba de nuevo en su cuarto, sudoroso, maltrecho, obstruido de la respiración y esa pesadilla que regresaba a el, como la dichosa carta que estaba en su buro, encendió la lamparilla y la leyó de nuevo. Por la mañana preparó su maleta, dejo un mensaje en el celular del productor y tomó el primer avión rumbo a casa, meditabundo con la expectativa de no saber que esperar y de ser descubierto por algún reportero o fotógrafo, pero no siempre se puede escapar del pasado y como dicen por ahí…todos tenemos etapas que deseamos olvidar. Su vuelo fue rápido, pero le duro una eternidad, al llegar subió a un taxi y fue al barrio. Bajó con su sombrero blanco, sus lentes negros, vestía de camisa azul cielo que se pegaba a su cuerpo…el gran actor en un barrio olvidado por todos los políticos. Todo a su alrededor era diferente y tan conocido, sus banquetas sucias, el pavimento resquebrajado aunado a esas casas que hacían años no había sido pintadas mucho menos ampliadas y sin embargo, no supo si sentir vergüenza o nostalgia por el lugar, durante el trayecto el taxista un par de veces le vio raro, como si no entendiese que hacía ahí y el no supo responder. Se plantó frente a la puerta y noto como las vecinas cuyas banquetas limpiaban a diario le veían…tratando de reconocerlo. La puerta se abrió al segundo toque, su mamá demacrada por horas sin dormir pero con la mirada cual si hubiera visto al hijo perdido, le abrazo en un sollozo que partía el mundo en dos, contenta pero triste, en llanto de tristeza y una alegría que no reconocía ubicar, sentía que una pizca de su ser había recobrado el aliento, le toco el rostro diciéndole hijo mío, hijo mío…me da tanto gusto verte…el Actor ni en sus mas difíciles personajes había podido sentir algo parecido como sentir a su madre en sus brazos…siempre cuando alguien te abraza debes abrazarlo hasta que te suelte. ¿Cómo esta el, preguntó? Sufriendo le dijo ella, desvaría, no duerme, el dolor es fuerte y aun en esas noches largas, habla de ti, de cómo te enseño, de aquellos momentos en los que te llevaba de la mano al trabajo pero no se cuanto dure mas…no debí molestarte pero el insiste en verte. No queremos avergonzarte, tú lo sabes. Vamos a verlo dijo, y ahí en su cuarto se dio cuenta de lo malagradecido que había sido…su padre postrado en esa vieja cama le sonrió como cuando el era niño, llevaba la cara pintada y su nariz roja tosía demasiado y en las paredes fotos de su hijo en sus diferentes eventos o participaciones en televisión. Le tomó la mano y le dijo recuerdo cuando te dije que algún día lograrías eso que tanto querías en la cómoda, docenas de revistas, viejas películas, recortes, sombreros los he guardado de aquellos días. Pedí a tu mamá te buscará para verte nuevamente, y pedirte disculpa por todo el daño que te hice, se que muchas veces sentiste vergüenza, hiciste cosas que no deseabas y esos días en que dejaba que el alcohol y los problemas destruyeran la relación que teníamos, es la vida que se me escapa y de lo que quiero arrepentirme. El actor abrazó a su primer maestro tan fuerte que sus lágrimas corrían inmisericorde por sus mejillas, se sentía nada al lado de él, pensó en lo mucho que se parecían no solo sus rostros sino sus formas de ser en la vida. Aquello que odias en los demás, es aquello que odias de ti, una proyección en el prójimo. Quiero ofrecerte mi sombrero de la suerte y mi nariz de payaso…es mi vida, mi sangre, una parte importante de mi alma como lo eres tú, ahora convertido en el gran actor, te felicito hijo mío. Se dice que el actor y su padre recorrieron ese camino al trabajo una ultima vez, ambos pintados del rostro, sonrientes y con esos zapatos que siempre causan sonrisas, hicieron figuras de globos, arrojaron juguetes por encima de barandales. Hoy el actor aún continúa subiendo peldaños en esa difícil carrera contando su historia a los que preguntan que hacía en aquella colonia y cuando se siente que flaquea, va a ese perchero, se pone el sombrero, sale al balcón, y respirando por esa nariz roja sonríe a la vida y a su pasado que tanto le ayudó en este presente mientras recorre el Mundo de Morfeo.”





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