viernes, 22 de noviembre de 2013

7 Días y 6 Noches

“Bendito otoño, se respira en la tierra, en esas mañanas un poco mas frías y en ese nublado teñido de gris que te invita a quedarte en casa. Abrazando la almohada, pegándose a la cama para no salir, pero todos sabemos que de sueños no se vive, se vive del hoy y de navegar por los ríos de la vida con los ojos abiertos, pero la idea de su vida no era esta que llevaba…a menudo se quedaba largo rato sentado en esa blanca banca divagando, pensando en que momento fue que su camino se perdió o abandonó sus ideas que habrían de ofrecerle noches mejores que estas aquí bajo esa carpa sintiendo el calor aun en los días mas fríos. El sonido que solo hace el taquero al golpear, partir la carne en ese pedazo de madera es lo que mas escucha a diario. Pero el sigue siendo un soñador y sonríe en la taquería, siempre es mejor sonreír aun en el trabajo, al principio se recordaba como lo odiaba, solo pagaba sus cuentas, sus placeres que ahora debía verlos de día ya que desde el mediodía empezaba su turno, iba y venía limpiando, atendiendo, renegando de lo que hacía. Pero todo cambió hace apenas un mes. En esas noches sin sentido, abandonados a su suerte mientras recogía el sinfín de cosas para poder cerrar, con un viento del norte su silueta reflejada sobre ese lúgubre foco, apareció cual nómada en búsqueda de refugio, su vestimenta se alejaba de la moda común, el de pie le ofreció la banca, ella pidió algo y si aun quedaba lo ultimo de lo ultimo, y el se sentó alejado y cansado en la otra banca esperando porque ella cenará para poder terminar de cerrar. Vestía un maltratado vestido color morado alentejuado y unos zapatos que harían palidecer a cualquier equilibrista. Su maquillaje denotaba melancolía y llamaba la atención sus colores fuertes, cenaba en silencio. Aquella mirada cansina le rompía el corazón desde el otro lado de la banca…su rostro suave se había convertido en una cara desangelada pero aun así era bella aunque daba miedo pensar que alguien viese su corazón cuando ve solo su figura ahí donde es venerada, en ese lugar lúgubre donde los ojos se pierden en las curvas y esas siluetas perversas. Come pausadamente y le dice a el:
-          Discúlpeme de seguro estaban por irse, en un momento termino.
-          Tómese el tiempo que guste, señorita. Aquí la vida solo la vemos pasar, para eso estamos.
-          Gracias.
-          ¿le gusta la música?
-          Claro.
-          Es mi disco favorito, si no le gusta le bajo. ¿algo más?
-          No, estoy bien. Gracias

La melodía que surge del alma y anida en los cuerpos de los escuchas, rompe la noche cruda de dos desvelados en un mundo que se cae a pedazos por lo que hemos hecho de el…hemos quebrantado su estructura con nuestros sueños de grandeza, manchado nuestra sociedad con los placeres mundanos y las reglas rotas. El taquero desde el fondo avizoraba que esa escena no iba a llevar a nada bueno. En bancas separadas, ambos dubitativos y en silencio escuchaban canción tras canción mientras la noche se hacia mas oscura a medida que el toque de queda se acercaba, todo se recogía para empezar de nuevo. Maldita rutina, se decía el. La edad les separaba un poco, pero quien dice que la edad es impedimento para concebir una amistad, somos amigos en las circunstancias más extrañas, por lugar de origen, escuela, vecinos, trabajo, etc. ¿entonces cuando es que dos extraños se convierten en amigos? El no sabe pero de algo esta seguro, ella iluminó la taquería desde su llegada. Termino de cenar y saco los pesos para pagar, abrazó su cuerpo envuelto en esa chamarra y le dijo:

-          Gracias, por la cena, y la música.
-          ¿volverá? Dijo el. Aquí estaré mañana
-          ¿Sí? No se, regularmente salgo tarde.
-          Cerramos tarde, no se preocupe.
-          ¿me esta invitando? Sin que eso se oyera mal
-          Ud. siempre es bienvenida aquí.

Ambos sonrieron, era la sonrisa mas sincera que ella había visto en meses, le gustó sentirse invitada y no obligada. Prometió volver pero no sabía cuando, entonces él, le dio el disco, cuando vuelvas lo ponemos, ella asintió. El día llego y el de buen despertar al filo de las 11 de la mañana, desayuno frente a la ventana, leyó, degustó la poesía, apreció los paisajes que la televisión ofrecía mientras desesperado alisto su uniforme de trabajo, limpió sus tenis y lavo incluso hasta su cachucha, todos rieron cuando llego bien limpio y le dijeron: ¿adonde vas? Pero el no escucho comentarios, atendió como nunca y espero por un largo tiempo mientras la noche se hacía corta y las horas avanzaban ella no llegaba, así empezó a cerrar y se preguntó si ella estaría ahí en ese lúgubre lugar del que provenía, estaba por iniciar el recorrido cuando le vio, con esos tacones que llegaban al cielo y sus curvas que llevaban al infierno de la pasión, se asomó por la acera, esta vez ya las luces estaban apagadas, solo quedaba el y una taquería cerrada.
-          Le invitaría a cenar, pero ya esta cerrado.
-          No te preocupes, voy a casa, pasé a cumplir mi promesa de regresar
-          ¿Esta cerca su casa?
-          Si, pero no me gustaría que supieras donde vivo. No es bueno
-          Entiendo.
-          No lo tomes a mal, pero no puedo confiar en alguien que apenas conozco.
-          Tienes razón. Entonces él se presentó.
Y ella también, de nuevo ante esa amarillenta Luna ambos sintieron un escalofrío que les recorría la espalda, como si se conociesen de antes, se hubiesen visto en algún lugar congelado en el tiempo. Y encontraron una comunicación que pocas veces se descubre en una vida fugaz como es la nuestra en el mundo. Noches enteras sus vidas fueron cruzándose y esas caminatas que duraban solo minutos o a veces esas cenas que se servían a punto de cerrar fueron un punto de inflexión o de una ilusión que se gestaba mediante esos dibujos en servilletas o los poemas que día con día el le leía a ella, ella a cambio le contaba parte de esos sueños que ahora había puesto a esperar por que no todo era lo que parecía. Una red se tejía entre ambos, amistosa, honesta, abierta. Caminaban por esas calles oscuras en constante platica, siempre entrada la madrugada, ninguna vez el preguntó por su trabajo, ninguna vez ella preguntó por sus intenciones. De vez en vez, al llegar a la esquina de la calle donde ella vivía, sus manos se tocaban cuando el se despedía de ella y se alejaba sonriente por esa acera donde los demonios están a la espera de salir, hablaban del futuro, de esos días en que todo parecía encaminarse a sus metas y de cuando se había perdido, de errores, de aciertos, de besos olvidados y de caricias perdidas. De amores encantados y desamores pendencieros, un cumulo de historias se contaban dejando esas huellas en las calles polvorientas. Pero eso fue hace un mes, y hoy en el frío de esta madrugaba, ella no ha llegado. No tiene su número, tampoco donde vive, mucho menos donde trabaja aunque si tiene una idea, ha prometido no ir ahí pero sabe que vendrá mas si su corazón palpita y si esa amistad se ha ido envolviendo en una burbuja sin retorno. Se toma sus manos, truena sus dedos, empieza por peinarse el cabello y rascarse el rostro, la taquería ha cerrado y las luces ya todas se han apagado. Pero ella no aparece, desesperado recorre toda la calle en su búsqueda pero no esta, se recarga en esa esquina donde siempre se despiden y espera desesperado pero esperanzado. El Sol lo despierta, no sabe que hora es y desconsolado ha llegado a casa y así pasaron 7 noches y 6 días. Es un fantasma deambula en silencio, acaecido, triste y con cara marchita por la ausencia. Se preguntaba de donde provenía este hueco en el estomago, sentimiento que adolecía por no saber de ella, un miedo atroz se apoderó de su cuerpo e incluso la poesía leída durante las noches o las mañanas le sabían a tiempo perdido, ya el tiempo era lento y tedioso a pesar de la música y el trabajo que imperaba, esperaba hasta que el Sol se asomaba, a veces despierto y otras quedándose dormido pero ella no aparecía. Todos sabemos cuanto las ilusiones nos emocionan y cuanto nos destruyen. Una noche de nuevo en esa esquina, dormido se quedo con la cabeza agachada metida entre sus piernas y sus manos protegiendo su rostro, se preguntó si todo era un sueño, bonita amistad se dijo a si mismo. En ese frío otoñal, sus sueños luchaban contra el y aquella idea que llevaría a cabo se esfumaba de nuevo. De una ventana sintió una mirada y escucho al fondo una canción, no la distinguía mientras despertaba pero buscó de donde venía, limpió sus ojos y se levantó con cuidado frente a el, a tres casas estaba ella, con sus ojos negros y su silueta que haría perderse en el olvido a cualquiera, le hizo un ademán para que el se acercará y le invito a pasar. Dos cuartos una cocina que parecía comedor y una sala que parecía comedor…ven, desayuna conmigo. El en un acto de osadía le abrazó tan fuerte casi tumbándole en el piso, no quería evitar verse aventurado pero no había tiempo, ella también le abrazó y beso su mejilla como se besa a un amor que nunca ha sido. Confesó el que por lo que fuera, ella nunca se fuera sin avisarle, que esas 7 noches y 6 días fueron los más largos de su vida. Nunca preguntó donde estuvo, ni se iría de nuevo, comprendían ambos que en la vida como en el amor, nadie nos pertenece ni le pertenecemos a nadie, somos aves que vuelan sobre el cielo sin saber si habrá lluvia o sol, si habrá truenos o estrellas, si habrá Luna o Sol. Cuentan que después de desayunar y bailar en ese pedacito de piso entre el comedor y la sala, justo al terminar la canción sus labios se cruzaron como se cruzaron sus vidas esa madrugada, y así pasaron 7 noches y 6 días en esa calle recuperando los sueños olvidados en el Mundo de Morfeo”

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