“Tan nublado como las tardes
de invierno…tan extraño como el final del arco iris y tan honesto como la mirada
de un niño. Los amantes rompían todo a su paso…bélicos, indecentes,
apasionados, eróticos y desenfrenados. Inmersos en el mundo de la clase media,
eran enamorados de sus aventuras y vivían en ese límite entre lo malo y lo
perverso. Ese era el acuerdo…el arreglo, la forma de vivir frente al día a día,
a soportar las rutinas, los rechazos, los compromisos y esas horas frente al
televisor…disfrutar de lo efímero que es la vida y sus huellas en el camino
presa de sus emociones navegaban en ríos de fantasías logradas y sueños por
hacerse realidad…no les importaba romper corazones…de eso vivían, enamorar, de
dejarse amar y responder con esa pasión que a menudo confundimos con amor y así
cuidarse ellos mismos…cual vampiros bebiendo sangre, cual lobos repartiéndose
el botín en el bosque…y refugiarse en esas noches tras bambalinas…cual
infiltrados en una sociedad ávida de amores platónicos, de sinceridad
disfrazada y de historias con final feliz, ellos sentían esa adrenalina al
crear los diálogos a desafiar y compartir una mirada a influenciar la vida de
los demás sin que esta afectase la suya. Eran maestros de su espacio y su
individualidad…sinónimos de magos engañaban, omitían, hacían trucos y se
llevaban la llave para abrir el candado…hoy era una noche para pecar, invertir
o malgastar el tiempo según se entienda, una lluvia incipiente bañaba su traje
mientras caminaba por el centro de la ciudad, la cita era en un jardín donde
alrededor de 100 personas se reunían mediante invitación…las invitaciones
llegaban de la forma mas simple y sus organizadores era un concejo que gustaba
de las grandes fiestas y aventuras…no sería la excepción. Al llegar al jardín,
pasó por dos filtros de seguridad, y revisaron que su invitación fuera real.
Espejos adornaban el camino y antorchas servían de luces, todos se veían frente
al espejo parte de su vida vernos directo a nuestros ojos, ajustarnos la ropa
para ser aceptado y entonces entrar…lo que vio no le sorprendió, una mansión
convertida en escenario de una gran fiesta…grandes estructuras artísticas por
todos lados, trajes oscuros, antifaces de colores, meseros recorriendo los
pasillos y si, ese pletórico pasto verde iluminado por pequeñas velas…las
mujeres vestían en ese blanco con sus antifaces negros, vestidos largos, vestidos cortos, todo un
evento como los que el concejo hacía…una copa de champagne tras otra sin perder
la figura, tranquilo con su antifaz de color sangre que brillaba entre la negrura
y la iluminación del lugar…recorrió mesas, conoció gente, platico con personas
que regularmente veía en los eventos y bares de la ciudad y degustó esa mesa
gourmet mientras la estatua de ese ángel oscuro con su mirada altiva vigilaba
la mesa…le sonrió al ángel y brindó con el: Por los sueños rotos…y así el
amante recorrió de nuevo con la mirada todo ese festín donde se bailaba,
gritaba, besaba y se sostenían en esos momentos donde todo parecía detenerse,
era la ebullición del comportamiento humano-animal que siempre disfrutaba, una
noche perfecta para recordarle al corazón que sin amor también se puede vivir
en estos tiempos tan cercanos al apocalipsis…vestidos blancos por todos lados,
ojos hermosos tras esos antifaces y esos labios carnosos que hoy habrían de ser
blanco de sus caricias empedernidas…bailó, sintió el aroma de quienes bailaban
con el con sus acertados pasos, era su pista, estaba en control de sus
facultades y degustaba el platillo de la seducción con cada mordida y cada beso
robado…rozando los cuerpos en ese cuadrado de colores…sin nombres, sin pasado,
sin futuro, eran parte de un hoy que mañana sería un ayer y este habría de
destruirse con una nueva aventura…detrás de ese antifaz jamás alguien
descubriría su camino, las historias que ocultaba o aquellos temores que
invadían su corazón como a cualquier otro hombre, pero aquí eso no importa,
solo importa la diversión, el resurgir del ego y la pasión desinhibida entre
dos seres…y así el amante acaricia, mordía, comía, bebía, se impregnaba de ese
aroma que solo da el sexo opuesto, el pecado perfecto se dijo mientras acordaba
al oído escapar de ahí a la llegada del amanecer, el amante satisfecho por la
idea de cumplir su cometido se refugió de nuevo recargado ahí sobre el ángel
oscuro…no sabía que se había convertido en presa siendo el cazador. De pronto,
el apagó la música y sus luces, solo quedaron las velas encendidas, detrás del
sonido, una estructura que venía del suelo ascendió, un violín se hizo escuchar
y todas las estrellas del cielo fijaron su mirada en ese rostro que adornado
con su antifaz se hizo notar, ataviado en su vestido morado hasta las rodillas,
zapatillas plateadas y ese sonido atrapante, desinhibido, cautivador rompía la
fiesta y los corazones en dos. Era una Diosa bajada del Olimpo, su mirada
altiva pero dulce atravesaba el antifaz para dejarlo atónito a el junto con los
otros hombres, pero ella le había visto y ahora el violín agredía con furia las
cuerdas llevándolos a un viaje por las notas musicales y sus almas despedazadas
en ese mundo de caos y locura. Se robó los aplausos y las miradas, se robó los
corazones y las exclamaciones de emoción de los presentes…al final de la
presentación llovieron pétalos de rosas amarillas como esa Luna que los
vigilaba en el otoño que se escapaba de nuevo…y así de nuevo descendió y se
perdió entre los pétalos…el amante corrió a buscarle, pero no le encontró y se
encaminó a la mansión debía encontrarle pero nada, se la había tragado la gente
o la tierra, preguntó pero nadie conocía y el concejo no aceptaba preguntas…su
presa se quedo esperando…y el amante al no encontrar a la violinista se rindió
y poco antes del amanecer solitario abandonó la fiesta, desangelado se quitó su
antifaz y se limitó a recorrer ese pasaje que daba al lago…adoraba ese lago,
fiel a su juego, era uno de sus lugares favoritos para romper corazones o
atraer el calor que solo dos cuerpos unidos pueden generar…pero esta madrugada
nublada su mente estaba aunado a las palpitaciones que aumentaban ¿de donde
provenía eso? ¿Por qué súbitamente la tristeza de una ilusión apenas creada se
apoderaba de él? Dejó que las estrellas en el cielo reflejadas en el lago le
ofrecieran su respuesta mientras se sentaba en la banca…unas manos taparon sus
ojos y el aroma de las mismas no pudieron evitarle soltar un suspiro… ¿Quién
sería? Y deseó con todo su corazón que fuese ella, con los ojos cerrados, ahora
verás con el alma le dijo ella y las quitó en un instante…y se sentó al lado
opuesto. El amante hacia el lago y ella hacia los arboles…sus miradas solo eran
laterales, pero se sentía bien se dijo el, todo inició con un hola y unas manos
en los ojos, cargaba sus zapatillas en la mano y su violín recargado en la
banca…y le pregunto quien era el…el amante no sabía si describirse, si hablar
de sus actos, o de sus sueños, o decir solo su nombre de pila…y apenas susurró
su nombre, poniéndose su antifaz nuevamente…ella se puso el suyo…diciéndole que
lo mejor de usar mascaras es que protegen el corazón del desamor, pero también
del amor…del enfrentamiento con nosotros mismos, de resolver esos días en que
el sol se ocultó para darle paso a la noche y participar en fiestas como las
que hoy vivimos…¿te has visto al espejo? ¿Fijado en ese desperfecto en tu boca
o en tu cuerpo, sin fijarte en el desperfecto del alma? Me gusta venir aquí a
menudo le contó la violinista…me refugio en esos arboles por horas a trazar en
el cielo cuentos que nunca viví, historias que interprete y lugares donde me
oculté…hablo con el olvido, el recuerdo y la añoranza…y después surge esa nota
que habrá de servirme para la noche siguiente y la siguiente…como la de esta
madrugada…el amante notaba esa mirada intensa proveniente de esos ojos negros
estrellados detrás del antifaz…y veía el reflejo de esa Luna amarillenta, el
amante le contó del porque venía al lugar…de adolescente siempre recorría el
mismo trayecto para finalmente descansar sobre esta banca, hablando de su futuro,
viajes y supuestos trabajos donde habría de encontrar su nicho de mercado y la
historia de vida…y le contó como aquella banca representaba lo que jamás habría
de permitirse vivir nuevamente…el amor eterno, sus banalidades, su fuerza
inclemente, y la partida del mismo cuando sabe que todo aquí se ha perdido…le
contó como la banca representó el termino del amor platónico, significa el
mundo imperfecto, la poesía inconclusa, los términos utilizados erróneamente…vengo
ahora a recorrer las curvas de la vida y a renacer para volver a empezar y
sentir, sentir…todos esos sentimientos, emociones, ritos, pasiones…de las que
el mundo solo sueña o vive de una forma temerosa. Acaso, ¿no estamos aquí para ello? Nuestra
vida es pasajera…y es corta para vivir enojado o frustrado… ¿te gustaría
conocer? Ella le acarició los labios y le besó tan fuerte que le robó el
aliento haciéndole retroceder…el amante soltó una sonrisa nerviosa
entrecerrando un poco los ojos, cambio su postura y le robó no solo los besos
sino también la risa. Mascaras vemos, corazones no sabemos e historias
olvidamos. El sonido de sus besos y caricias se escuchaba apenas en ese cielo
estrellado y los corazones se entendían palpitando fuertes mientras sus cuerpos
se estremecían en esa banca que se movía…el amante notó que la noche era
diferente, pero todas eran iguales a esta…quizás era el antifaz, quizás era la
canción que sus pensamientos tocaban, ¿Qué era? Pero se dejo llevar y arrojo
por la borda sus pensamientos y se fue directo por lo que sentía…la violinista
comía su corazón a raudales, lo invita a seguir, a dejarse ir por los ríos de
esa pasión que la banca hoy soportaba, y así interpretar lo que aquí se siente
sería una estupidez, sería quitarle la pizca de sazón a ese placer que la
madrugada aunado al perfume de ambos se respiraba en el aire. Infinito es el
universo y somos pecas en el, sencillos seres ante la magnificencia de la obra
de Dios, debemos vivir…y ser lo que anhelamos aunque sea este nuestro pecado y
nuestra virtud…la violinista mordió sus labios recostándose en su cuerpo…el
amante le abrazó acariciando sus cabellos abrazándole fuerte para que ella no
sufriera frío alguno…y quedo ahí frente al lago dormido. El amanecer acarició
los arboles y el agua del lago, era una mañana tan clara como hacía días no
aparecía en la ciudad…el amante despertó sin su antifaz, con el saco encima de
el y sus ojos chocaron con el sol, estaba solo. Se levantó recorriendo deprisa
todos los caminos posibles por donde se llegaba a la banca. No conocía el nombre,
había visto la mitad de su rostro…no sabia donde vivía solo sabía que en la
próxima fiesta de seguro tocaría o no...Su zona de confort se trastabillaba
mientras llegaba a su hogar. La semana fue muy larga…el amante recorrió
fiestas, bares, parques, eventos pero nada…y así durante un mes su búsqueda fue
apagando su fuego, su anhelo…entendió pero no entendía…¿Por qué alguien
simplemente desaparecería? Y camino de nuevo a esos arboles donde el camino
terminaba en aquella banca…ahí en un árbol encontró el dibujo de un violín…su
corazón se estremeció… ¿sería su lugar? Tiempo después comprendió…el amante se
había convertido en presa, y así en el Mundo de Morfeo…se cuenta de aquel que
irrumpe en las madrugadas con antifaz rojo sangre preguntando por ella…para terminar
siempre en la banca admirando ese lago donde la amarillenta Luna se refleja.”
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