martes, 2 de agosto de 2011

Amores Inconclusos



“En las lides de la vida y la búsqueda de la felicidad así como de la emoción de vivir intensamente y jactarse de buscar sentirse pleno y completo, esta sentado a dos mesas de los festejos del bar, con un par de amigos se ve distanciado de todos pero pendiente del festejo de cumpleaños que parece se terminara tarde, sin embargo, el debe marcharse temprano y ahí en esa mesa no estará sentado, pero debe hacer sentir que esta ahí y que la fecha no habrá pasado en vano, en cambio, lo ha estado esperando desde hace casi un año y el restaurante bar seria ideal, la atmosfera resultaba ideal, tragos, botanas, ensaladas y copas mas copas mientras la música resultaba amena pero no escandalosa, se alejo de sus amigos y hablo con el mesero, le hizo llegar una caja con un moño encima y le dio un recado al oído mientras le hacia llegar un billete, en la mesa seguían llegando los invitados y la gente se divertía. Decir que se veía feliz y guapa es decir poco, su emoción era característica fiel de su sonrisa con su vestido floreado y su pastel en medio de la mesa, el mesero arribo a la mesa y le dijo algo al oído mientras le daba la caja ella estaba expectante a lo que le decían y después levanto la vista y se aparto de las personas pero ya ahí no había nadie. En la mesa nadie se percato ya que dos personas estaban discutiendo acaloradamente, se quedo con el y lo guardo en su bolsa para no responder preguntas, afuera el suspiraba mientras caminaba por la avenida, sus amigos le alcanzaron para decirle que todo parecía haber salido bien, ella pregunto al mesero que si quien le había dado esa caja a lo que el se remitió que era una persona que vestía saco oscuro y camisa de color negro, las dudas comenzaron brotar como las burbujas en el cielo cuando los niños juegan ¿Quién viste camisa oscuro? ¿Alto, de ojos grandes? ¿Cómo sabia mi cumpleaños? ¿Qué trae la caja? Se jacto de ser inteligente y también de ser intuitiva, después recordó la frase dicha por el mesero y supo quien era, como no haberlo pensado antes, se rió fuerte de no haber visto a su alrededor al llegar. Saco su celular y comenzó a marcar un numero cuando de las escaleras los meseros arribaron con el pastel, la noche estaba con un clima hecho para festejar y con ese aire que abraza los cuerpos, el bar con su segundo piso adornado por un gran árbol en una esquina cumplía con su mesa hecha para cumpleaños. Llego a su casa con su trozo de pastel envuelto en papel aluminio y su mama le dio las buenas noches mientras continuaba con su lectura de superación personal, subió a quitarse el maquillaje y su ropa para ponerse piyama y tomo el celular de nuevo para marcar el numero de quien habría llevado la caja pero nadie contesto, opto por dejar un mensaje y recibir respuesta, su noche se terminaba, se había ido su día de nuevo y ahora era un año mas grande pero alguien nos dice que jamás seremos tan jóvenes como hoy, se vio en su espejo mientras se quitaba sus aretes, se sentía emocionada y también con la curiosidad de ver a su admirador pero eso ya seria mañana, se metió en sus sabanas color verde y durmió junto a Morfeo. Durante la mañana la cafetería tenia mucha gente, el lugar estaba sobre una de las avenidas principales de la ciudad, era un lugar con grandes cristales una fuente en medio donde  estaba una mesa en color negro mate con un micrófono y un banco adornándola, es suele tocar el músico los miércoles y viernes, tenia algunas mesas alrededor y grandes plantas. En la ultima mesa estaba un hombre de saco café oscuro con su camisa roja con rayas horizontales, sentado disfrutando del café de la mañana mientras leía su libro de bolsillo, frente a el toda la estructura de la cafetería y los meseros yendo y viniendo por las mesas pero el dejo su lectura de lado para escuchar a la muchacha que le veía a sus ojos mientras desnudaba el alma, con voz suave le volvía a repetir lo que ya no podía contener pero el estaba en silencio, ese silencio que rompe corazones o mejor dicho que no ilusiona sino que dice que no se puede elegir a quien amar, solo se ama. Pero el tiempo se había detenido ya, los meseros vieron a una hermosa mujer de blusa blanca con su bufanda de líneas en color lila y sus cabello lacio esperar un minuto, dos, tres y por ultimo dejar en la barra de la cafetería una caja con un moño encima, no dijo nada pero sus ojos le habían delatado desde que llego, camino un poco e indecisa, salio del lugar. El gerente de la cafetería fue hacia el hombre que estaba en la ultima mesa y le comento que alguien olvido un regalo en la barra, el escucho y de lejos lo distinguió, se levanto excusándose por cualquier cosa para después encargarle al gerente la cafetería tomando el regalo que había sobre la recepción y salio buscando donde estaba ella volteo a todos lados pero no la veía, después se paro en medio de la calle hasta que un carro hizo sonar el claxon varias veces la otra muchacha seguía adentro de la cafetería, entro y se le acerco agradeciéndole el gesto de tan valiente confesión para decirle que no podía amarle y menos darle lo que ella pedía a cambio, de seguro le odiaría pero uno no decide a quien amar, no es un negocio, ni un trabajo. Le dio un beso en la mejilla y escapo por la cafetería se puso el saco mientras buscaba un taxi, no se daba cuenta pero seguía con el regalo en la mano estaba nublado de nuevo, con ánimos de llover y sin ánimos de que dicha lluvia fuera larga y poderosa apenas habría gotas que ni los niños les importarían y menos les llamaría la atención, subió al autobús e iba pensante con el regalo bien agarrado de ambas manos, algunos pasajeros le miraban con la ilusión de siempre ver a alguien cargando una cajita que lleva moño encima, parece un dulce, un collar, un libro, una ilusión, un gusto e incluso ilusiona que podría tener una fiesta o un evento para cargar tal cajita no sabia que le diría ya que la noche anterior no pudo acercarse a ella entre tanta gente y se lo tuvo que mandar con un mesero antes de dejar el lugar donde estaba reunida con sus amigos cercanos, escribió una nota dentro de la caja pero si esta no estaba abierta significa que no la había leído aun, y ahora tenia que entregarla en persona. La facultad estaba sobre un gran jardín  con su campo verde lleno de estudiantes bajo los árboles leyendo, tocando la guitarra y otros mas acostados sobre las piernas de su enamorada o enamorado, no faltaba aquel que fumaba desobligadamente haciendo círculos con su humo, atravesó auditorios, salones y cafetería hasta llegar a un salón de clases se arreglo el saco, se pregunto si era momento oportuno o si esperar afuera seria mejor opción mas aun cuando escucho su voz tras esa puerta con una ventana en medio, acerco su vista a la ventana y ahí la encontró vestía pantalón de vestir negro y una blusa negra con una bufanda de color rojo,  que hacia juegos con sus lentes sobre el pizarrón una clase de psicología adornada por una frase de Frederick Nietzsche que hablaba sobre el eterno retorno se recargo sobre la pared y abrió la puerta sin tocar, todos los alumnos voltearon pero el se acerco bajando los escalones, subió y se presento al alumnado y después se presento con ella diciéndole: lamento interrumpir su clase de manera abrupta pero ha dejado Ud. maestra su regalo en mi cafetería, apuesto a que se le olvido se lo dejo para que lo tenga en sus manos y lo abra cuando el momento sea el oportuno. Le beso su mejilla y dio las buenas tardes a todos, su corazón palpitaba fuerte pero salio del salon con una sonrisa de quien ha hecho una jugarreta. ¿Qué haría? ¿Qué pasa con esta caja que ha vuelto? se sonrojo cuando todos los alumnos estaban expectantes de que abriera la caja o dijera algo pero ella dio por terminada la clase y les dio la tarea del día. Se sentó en su escritorio y se reía mientras se acariciaba sus cabellos, se puso la pata de los lentes en su boca y no dejaba de pensar en que hacer con la maldita caja, y porque el la había traído de vuelta, parecía un juego de ajedrez con situaciones reales. Un romántico juego basado en la anomalía que representa sentirse enamorado o platónicamente ilusionado por alguien. Se sentó sobre una de las sillas en su terraza al llegar a su departamento, se hizo un chocolate caliente con crema batida, y saboreo sus gotas derramándose sobre sus labios mientras la Luna se volvía amarilla y triste de nuevo, después de unos segundos decidió que era momento de abrir la caja, el moño cedió y comenzó por apartarse y abrirse de par en par mientras quitaba con su uña cada una de las cintas alrededor y por fin se abrió, un collar de plata bellísimo y delgado se asomaba, se veía absolutamente bello justo en medio de la caja adornada por pétalos de rosas marchitadas, tenia una nota pegada. Venia un verso de Neruda acompañado por un lugar y una hora. Se asomo por la terraza y suspiro ilusionada de la vida, fue al espejo de su cuarto y se puso el collar sin querer dañarlo, ensuciarlo o maltratarlo, se sentó en su cama con el y pensó en un dije pero algo le dijo que ya sabría donde encontrarlo. Marco su número y le dejo un mensaje totalmente cursi y amoroso mientras veía el vestido que se pondría. El mar siempre es sinónimo de paz con su esencia bañada en azul cristalino, lleno de grandes misterios y también de noches de leyenda bajo tanta agua, las olas que golpeaban suavemente las rocas dejaban huella en la arena mojada. Detrás de las rocas una mesa improvisada con velas encima así como una botella de vino y dos copas espera por un acompañante, en una silla el hombre del saco oscuro y su pantalón arremangado de la bastilla por caminar por la arena, sonreía y dejaba todo arreglado, la botella aun estaba cerrada pero pronto habría de abrirse, se soñaba en este momento y hoy había llegado, esa espera terminaría y bebería de sus labios el agua que habría de liberar el fuego azul de su corazón, por fin podría tenerla en sus brazos y bailar con ella al son de la música del mar en la noche mas exquisita del año y decirle cuanto le amaba. La hora había llegado y el sentado esperaba, mujeres siempre llegando tarde, pero esa espera empezó a alargarse y a denostar impaciencia en el, sin embargo, su sonrisa continuaba en su rostro así como el palpitar de su corazón. Le envío un mensaje pero no llego la respuesta, después marco, el teléfono sonó y sonó pero no encontró quien le contestara mientras la cera de las velas se diluía y su luz se iba apagando, de seguro estaría en su terraza esperándole, quizás no pudo venir y se le hizo tarde, apago las velas y se llevo la botella que subió como acompañante en el taxi. Al llegar a su departamento noto que la luz de la terraza estaba encendida, bajo del taxi y le vio de espaldas a la calle con su vestido negro adornado con un collar de plata, estaba por gritar su nombre cuando noto que había alguien mas en el momento en que le pasaba su brazo por la cintura y le daba un beso en su mejilla, ante una escena como esa, el silencio suele ser el mayor enemigo y el mejor de los amigos, uno no decide de quien enamorarse, eso solo ocurre. Abrió la botella y se encamino por la calle desolada. En la facultad cuando entro la maestra al salón, se hizo un silencio que parecía hacer melodiosa su entrada, dejo su bolsa de trabajo y vio que algo brillaba en su escritorio, un dije flotaba sobre un pedazo de tela negro, durante toda la hora solo se escucharía su voz mientras en la cafetería un hombre de traje oscuro lee un viejo libro que dejaría inconcluso por mucho tiempo”



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