“En aquella noche, bajo el calor
abrumador que dejaba las ropas empapadas y el cuerpo sudoroso, todos caminaban con
rumbo fijo…en la ciudad, todos tenían un destino y nadie podía deshacerse del
mismo, este destino estaba enmarcado por la decisión que de el habían hecho
nuestros gobernantes ya hará unos años. Se tenía una misión dependiendo de la
edad y el género, mantener el equilibrio se había convertido en una prioridad
para que todo funcionase de acuerdo a lo pactado. Eran seres humanos iguales,
sin rasgos que los hicieran diferente, podrían pasar desapercibidos ya que la
personalidad les había sido arrancada de raíz…incluso los colores padecían de
este mal pues se habían eliminado para darle paso a los colores sobrios. En el
andén, el silencio predominaba, la Luna había desaparecido y las paredes
blancas era lo único que iluminaba el andén…él con la cabeza baja, el cuerpo
enjuntado viendo siempre sus zapatos y de vez en cuando hacia los ojos de los
otros…se preguntaba si el mundo así había sido siempre, y luego sentía que
alguien leía sus pensamientos, y se alejaba de las cámaras para volver a ser
igual a todos…solo un punto pequeño en el universo. El ruido del tren le
devolvió a la realidad mientras la luz del vehículo de masas iba creciendo
hasta dejar en blanco la vista de más de uno…el tren de los hombres…el de las
mujeres estaba justo enfrente, como en el jardín, separados por esas reglas que
uno no llega a entender. Esas eran las reglas…incluso la música al subir al
tren era inexistentes, no había vendedores ambulantes, platicas triviales y
mucho menos, el estar comiendo un bocadillo o jugar a algo en los celulares. Todo
era enfocado sobre el hacer crecer la ciudad como una gran
metrópolis…empoderando a la industria y a los gobernantes sobre todas las
cosas…él permanecía quieto, temía que los pensamientos que le atiborraban la
mente llegarán a saberse y solo los ahuyentaba como se ahuyenta a los
buitres…cuanto desasosiego había en él que buscaba lo normal, parecerse a
alguien y pasar desapercibido que ser él mismo. Pero de entre tanta gente,
sintió una mirada que atravesaba a las personas y los espacios en el tren…la
mirada era fuerte, altiva, provocativa…y entonces le vio…una persona que desde
su vestimenta era diferente…bien peinado, con una marca de quemadura en uno de
sus ojos, pero la furia de ellos…cafés brillantes como la salida del sol lo
intimidó de inmediato pero él le sonrió…y algunas arrugas aparecieron en su
rostro. Eran arrugas de sabiduría porque hasta entonces intuyó su edad, en una
de las paradas del tren, se alzó caminando a las puertas y un folleto se le
cayó justo en los pies de él que le veía pasar a su lado…los ojos del viejo se
encontraron con los de él y de nuevo esa sonrisa intimidante pero que decía
tanto apareció en el rostro que dejo la estela y bajo desapareciendo en las
paredes blancas del andén. Tomó el folleto y se lo metió en los pantalones sin
sacarlo aun cuando su mente desesperada trataba de ver de que se trataba…nunca
había visto ese tipo de folletos en ningún lado. El trayecto fue igual que el
día anterior, y que el día anterior a este, nada parecía fuera de lo
normal…cuando se detuvo el tren en su parada, volteó a todos lados esperando
alguna pregunta, que se le notase el folleto pero nadie lo tomó en
cuenta…entendiendo que cada uno de los pasajeros estaban enfocados en la
monotonía de las cosas y en la rutina que tenían en sus vidas…su departamento
se hallaba en una zona de media calidad, bajo el concepto del equilibrio, no
podría jamás adquirir algo mejor pero como nunca había visto otros
departamentos, se sentía bien con lo que tenía para vivir…aceleró el paso,
introdujo la llave, dejo el maletín sentándose frente a la silla más lejana de
la ventana y tomó el folleto…REVOLUCIÓN, CONOCIMIENTO, LIBERACIÓN. Venía una
dirección y una poesía muy corta…buscó cualquier relación con el gobierno,
cualquier indicio que fuese una trampa, pero en la leyenda se leía: aprende de
memoria la dirección, la tinta se borrará de inmediato. Y se lo aprendió
mientras veía como las palabras se deshacían en el papel. Bajo su cama, había
unos pocos libros que había dejado el anterior inquilino y son los únicos que
había leído…le emocionaban, le hacían ver que la vida en la ciudad había sido
diferente y que por alguna razón, era tan desigual hoy en día. También los
personajes eran totalmente increíbles, impensables, insensatos…volátiles,
enamorados, aventurados, creyentes. Toda la tarde batalló en los quehaceres de
su casa, tantos días pensó en si habría algo más aquí, otra manera de hacer las
cosas, de cómo sentir, disfrutar, vivir, ser uno de esos personajes de
historieta que se juegan el pellejo por un ideal, por una musa, por un amigo…es
decir, un mártir. Porque cabe aclarar que muchos de los denominados mártires
son felices o más bien, se arrojaron en gusto a la aventura y al sacrificio de
morir. La hora era tardía, pero el pecho le retumbaba de ansiedad. Había
llevado una vida insulsa, regida por reglas y normas establecidas temiendo de
ser descubierto incluso leyendo o respirando más allá de la cuenta. Se decidió
a ir, por ir no le pasaría nada. La dirección era aquí…un viejo café perdido en
el anonimato de las grandes construcciones con sus mesas maltratadas por el
tiempo, justo en la entrada, le fue puesta una marca mediante un sello…vaya
hacia atrás, en la cocina siguió por delante hasta tomar un pasillo y llegar a
un gran salón…el aroma del lugar le era desconocido pero por alguna razón le
gustaba. El viejo estaba sentado encima de una de las mesas, todos le rodeaban
como un culto, estaba animado, apenas unos veinte estaban ahí…todos habían
recibido dicho folleto, de la misma manera su discurso fue sencillo: “Nuestra
historia nos fue arrebatada por los nuevos gobernantes que comenzaron quitando
los derechos de los hombres y borraron toda historia de nuestras libertades, en
una guerra que a nadie le importaba y de la cual nadie fuimos voluntarios…se nos
han ido los sueños y las reglas solo no han quitado el deseo de
sobresalir…destruyeron los colores, el amor, la libertad, la amistad pura y los
caminos a la felicidad, todo en promoción del equilibrio de las razas y la
alimentación de la industria para crear robots, personas que fueran solo
fuertes en la lucha a cuerpo y no en la mente. Guerreros, y trabajadores sin
ganas de superación, temerosos para desafiar a lo incorrecto y a crecer como
seres humanos…los reunidos aquí seremos quienes poco a poco nos involucraremos
en la Revolución, entrometiéndonos y consiguiendo gente afín al proyecto.
Ustedes los han visto, andan por ahí con la mirada buscando algo más en el
mundo, el sentir de sus músculos engarrotados por saberse fuera de lugar. El
sello que les pusieron en la entrada será la manera de identificarnos ya que
emite un reflejo cuando se encuentra con otro. También les da acceso al segundo
piso, que permanece oculto. Agradezcamos por la comida que mi hija os provee”
De cabellos rizados castaños y ojos grandes la hija del viejo entró al salón,
portaba una enorme pizza…él se quedó pasmado por dos razones: la comida de la
cual solo había leído y la hermosura de quien la llevaba. Con timidez se acercó
a tomar un pedazo mientras no le perdía mirada a la silueta de ella. De repente
se vio en ese instante donde la iniciativa aparece en ti, y los moldes de tu
coraza comienzan a romperse…y se presentó con ella…con la mirada fuerte pero tímida,
humilde pero haciéndose sentir…come, le dijo ella mientras reía a su lado, y se
presentó con él…preguntándole que había pensado al abrir el folleto de su papá
en el tren y así comenzaron a hablar hasta que todos subieron al segundo piso. El segundo piso sorprendió a la mayoría…enorme
pilares atestados de libros, escritorios y sillones para leer…esta era la etapa
del Conocimiento. Durante quince días, en silencio a cualquier hora…subían a
leer, a documentarse…a decir cómo iban creciendo en número y las acciones que
habían realizado…la Revolución estaba de boca en boca en la ciudad…había
manifestaciones, pequeños grupos juntándose, convenciendo…en la
clandestinidad…cuanto tormento había en él, que caminaba de puntillas para no
despertar a sus demonios y menos a sus ángeles, pero al lado de ella, todo
cambiaba, además de la revolución, sintió esa comunión que solo los enamorados
sienten…pero el mundo habría de ponerle a prueba justo esa noche. La
manifestación los llevó al palacio principal impidiendo el discurso del
gobernador de la ciudad…el viejo y los revolucionaros atravesaron la seguridad,
repartiendo folletos, gritando palabras que se iban conociendo entre la gente,
levantando el ánimo y el auto estima, hablando de derechos cuando una bala le
atravesó el pecho movilizando a todo el contingente…corrieron y entre toda la
gente, él viejo le dijo, deje algo para ti en un escritorio, búscalo…huye, no
podemos perder un día más. Enjugado en lágrimas huyó. Lo que más le dolió fue
enfrentarse a Ella y su tristeza, abatida por la noticia, se arrojó a sus
brazos y lloró como nunca. Los días siguientes fueron de incertidumbre, nadie
sabía que hacer…pero el eco del disparo aún se escuchaba en sus mentes. Las
reglas se hicieron más fuertes, se buscaban cabecillas casa por casa y trataban
de ponerle fin a todo…parecía que todo se iba al carajo, pero entonces él
encontró en el cajón del escrito lo dejado por el viejo. Una cadena con una
cruz y un pequeño escrito…pero sobre todo un cuida a mi hija, y por favor…no te
detengas, sigue adelante…que le erizó la piel…el último viernes de noviembre se
reunieron…ya eran más de cincuenta los cabecillas quienes llevaban el mensaje a
cientos y estos a miles. Él se alzó entre los reunidos y no dio razones del
porque había sido elegido, solo tomó la mano de ella, se subió encima de la
mesa y les dio las instrucciones a seguir con una vehemencia que nadie dudó, y
así el último día del año, miles se unieron en la plaza principal...buscando la
Libertad: se pusieron bocinas en toda la ciudad, en los altos edificios, en los
barrios bajos, y él se afianzó al micrófono, cuan atormentada estaba esa alma,
que arriesgarse era un temor que se comía sus ganas de triunfar y vivir a
plenitud, pero en estos últimos meses había encontrado como vencer a sus
temores, como alzarse, como ser él mismo no estaba mal. Entonces se dirigió al
público mientras veía los ojos de ella, su corazón, su razón, empezó diciendo:
“No diré muchas palabras…pero si les diré, que el Conocimiento y la Libertad no
deben prohibirse y menos condicionarse, todos tenemos el derecho a ella y a ser
nosotros mismos…fortalecer nuestros lazos, quitarle al ser humano la
oportunidad de crecer, de amar, de soñar, de cumplir sus objetivos y de darle
esa opción de conocer el pasado, el presente y ver al futuro…es por ello, que
nos levantamos en armas, armas de paz, de conocimiento, tratando de educar a
nuestra juventud y a los nuestros…es por ello les digo, sigue adelante aun
cuando la lluvia arruine tus planes, el miedo aparezca en tu noche y la
solución se vea lejana…sigue adelante aun cuando haya sido un tropiezo inesperado,
una lágrima aparezca en tu mejilla y el esfuerzo no sirviera. Sigue…vayamos adelante, gobernantes, esto no
lo detendrá nadie…un viejo me enseñó eso, un soñador que creyó en darnos el
conocimiento y la libertad de ejercer, de ser nosotros mismos y mejorar esta
ciudad. Sigamos adelante…adelanteeeee!” el grito hizo retumbar las bocinas y
los revolucionarios brincaban y azotaban sus libros y entonces la batalla
empezó…no quiero contarles el resultado de nuestra Revolución, al final yo soy
uno en quienes se confió…nuestro líder sigue ahí, con la mirada altiva, el
pecho de frente ante la adversidad…de la mano de su musa, su razón de seguir
luchando…a ti, solo te puedo dejar este folleto cuya tinta se borrará muy
pronto…Sigue adelante, no te detengas aun cuando el mundo enfrente el fin, tu
mantén tus ideales, tu furia, tus sueños…el Mundo de Morfeo agradece y te
felicita por tu lucha”
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