viernes, 3 de junio de 2022

Las Dos Sillas

 

“Bajo el cielo ataviado con esas nubes detenidas, pintadas cual retrato de pintura extraña, Se detuvo a pensar, venía a su mente que poco creíble que el mundo fuese como los científicos lo cuentan. Así lleno de estrellas, de galaxias, de mundos inconclusos y de planetas que jamás verán nuestros simples ojos. Unas pecas en el universo, inexistentes para todos, para el todo. En eso pensaba, todo era insignificante y carente de sentido alguno, salvo, ser algo que nos importe a nosotros. Nos sentimos siempre centro del universo, y no somos nada. Sacó un chocolate y lo masticó lentamente dejando que el sabor se apoderará de su boca y su ser, le encantaba el aroma, mancharse los dedos, pero hoy todo eso le parecía más profundo de lo habitual, como si el chocolate tuviese un lugar especial en su historia, le diese algo en lo más recóndito del ser. A su Padre le encantaba esta golosina ancestral. Recuerda que, en su niñez, su Padre hablaba de lo mucho que le gustaba esta sencilla barra oscura, lo mejor fue cuando descubrió que existía en todas las facetas posibles y diferentes tamaños. Como lo extrañaba al Chocolate y a Su Padre y esas enseñanzas que tanto énfasis le hacía, pero vamos, nada dura para siempre, ni siquiera el mundo. Lo que nos queda es honrar a nuestros padres, llevar una hermosa vida y ser felices. Estaba ahí apreciando el cielo con el tiempo detenido cuando escuchó su nombre…Ella le hablaba para contarle que la película estaba por iniciar, y bueno, recordó que él la había invitado en primera instancia y hoy, no sabía que hacer al respecto, más bien lo sabía, pero de repente le invadía esa terrible sensación del después, del mañana, del pasado. Pero a pesar de todo, la película resultó bastante atractiva y el protagonista de la misma recibía una terrible noticia, su padre había fallecido y le había heredado una villa en Italia y de repente, tenía que irse a ese País a aventurarse sobre ello, fue ahí donde lo entendió. La película terminó y ella se quedó a dormir, pero él se quedó toda la noche despierto, desenfocado de su presente y pensando en todo lo que había ahí afuera…las estrellas, las galaxias, los otros mundos…estos arranques de tontería se le atraviesan cada tanto tiempo, como si fuese un llamado a la locura y después se iban y él regresaba a sus libros, a su trabajo, a sus bares, a sus mujeres y a sus viejas películas. Pero también debía el recordar que esas ideas que a las personas les parecen locuras para otras son tan sencillas que las llevan a cabo. Estaba absorto en ello, dándole vueltas y vueltas a la situación. Tenía él ya sus años y sentía que todo estaba en un punto muerto. Tenía trabajo, su dinero, las amistades y las amantes, sin embargo, se sentía ausente. La noche siguiente en medio de esos pensamientos que lo hicieron despertarse y salir al balcón. Siempre tenía una botella por ahí y esos malditos chocolates, nunca entendía porque esa combinación le gustaba, pero así era y ni modo. Bebía y degustaba, acariciaba con los labios y surcaba el cielo con la mirada, maldita Luna Clásica, redonda y blanca...Había que hacer algo, se dijo. Había que dejar la tierra y escapar, porque no sé. Su sueño era la huida, la escapada, sin dejar más que un recado o un correo y que la gente se preguntase porque se fue así, sin avisar. Empezó a empacar sin más…buscó su pasaporte, unos tenis viejos y acomodó lo necesario, había decidido ser un poco nómada. Total, su corazón no era de nadie…en el auto antes de tomar la carretera, envió un correo a su empresa…era tonto y egoísta pero solo decía: “Volveré de donde sea que vaya”. La verdad es que no sabía adonde iría, más bien dicho, sabía a donde quería ir, pero no sabía por dónde empezar, tal vez era lo mejor. Parte del camino, es el inicio. El aventurarse y ser estúpido o arriesgado. Le resultaba extraño que por única vez no pensará en cuanto dinero debería gastarse y en que debía emplearse. Justo en la caseta de peaje, el miedo apareció. El maldito miedo queriendo jalarlo de los pies y llevarlo de vuelta a casa, a sus libros, a sus historias, a los brazos de esa mujer hermosa. Pero no, si pasaba la caseta era continuar y así fue. Manejó con la puesta de Sol, y se salió de la carretera para irse por la libre. La ruta panorámica, la ruta de los pueblos y los desahuciados, de esos restaurantes campiranos y caseros donde todo parece venir de un tiempo atrás. Desayunaba y comía al mismo tiempo, es decir, merendaba con los locales y siempre optaba por sacar sus dos sillas y ponerlas ahí por algún lugar del pueblo donde se le antojaba pasar la tarde o la noche, en medio de las dos sillas lo acompañaba su botella, los vasos y los chocolates…y así de repente alguien pasaba por su lado y preguntaba si que hacía ahí o porque la otra silla estaba vacía y él, decía lo suyo, Usted me cuenta su historia, brindamos juntos y de regalo siempre un chocolate. Eso lo había aprendido de su Madre, su madre solía sentarse con él y escucharle, por más sinsentido o infantil de la historia, Ella siempre escuchaba, preguntaba, asentía con la cabeza y ayudaba con la atención y la corrección de palabras para poder que el fuese un mejor relator. Y así en donde estaba siempre aparecía alguien. Un adolescente perturbado, una señora con su carita mancillada, un viejo de sombrero y uno como él, en la mitad de la vida sin saber dónde había perdido su camino. Siempre brindaban y siempre de regalo un chocolate. Se tomó fotos con ellos mediante esa cámara instantánea dándoles una para que ellos recordasen lo que le habían contado y por qué se lo habían contado. Empezó a disfrutar la ausencia de su hogar, a merendar con todos y entender un poco más de su vida a través de las historias de ellos. Disfrutaba de jugar béisbol y de ir a partidos de fútbol con el polvo que levantaban los jugadores al correr…eso sí. Justo a las 4 am, desaparecía y se marchaba de nuevo para conocer otro lugar más. De vez en cuando solía entrar en los bares y se sentaba en la barra a escuchar la música y beber otra botella más antes de partir. De repente lograba descubrir lo mucho que no se conocía a si mismo hasta que se había escapado de su propia vida. Siempre las dos sillas en el pueblo siguiente, con el ritual como se había acordado. Con muchos reía, con otros lloraba y también con otros se cuestionaba, pero con todos se abrazaban y terminaban en un hasta luego. De Pronto, en una ocasión en un malecón inconcluso con el mar haciendo su propia música…sintió que tenía que era tiempo de regresar…se vio en el espejo de su auto, le había crecido la barba, y los ojos se escondían detrás de unas ojeras profundas, pero eso sí, tenía una sonrisa que no conocía…justo estaba por ir por las sillas cuando vio a alguien sentado en una de ellas…qué diablos dijo, una última historia. Empezaba a servir la copa cuando se dio cuenta de lo hermosa que era aquella chica, que su aura tenía un cierto encanto que rebasó su boca y no pudo decirle mucho, al final, él estaba por escuchar, pero entonces Ella, le dijo que había encontrado algunas fotos en el mundo del internet y le había dado por buscarle. ¿para qué? Le dijo él, y ella señalándole la silla le dijo. Es hora que alguien también te escuché a ti. No lo había pensado, pero si, hasta el momento durante el viaje, solo había escuchado a la gente o había hablado poco de sí mismo…tal vez era buena idea cerrar ese ciclo. Con una condición, le dijo a Ella…que nos volvamos a ver…Ella le sonrió y le dijo: Me parece. Empezó a hablar y a disfrutar del mar, a contarle sus miedos, sus fracasos y sus anhelos…su vida de niño y su historia de adulto y le causaba una sensación que estaba arrojando piedras al mar mientras más hablaba, abandonando el peso que cargaba entre todo lo bueno que tenía, porque a veces cargamos algo que no notamos y descubrimos nuevas cosas en nosotros y en los demás...pidió perdón por no valorar lo que tenía y lo que no. Otro brindis se convirtió en otro brindis y otro chocolate se convirtió en un chocolate adicional…Al final cuando ya caía la madrugada y la temperatura bajaba, Ella se despidió con un beso sobre su mejilla y le dijo nos volveremos a ver. Se tomaron la foto juntos y cada quien se quedó con su copia. Cuando iba rumbo al pueblo siguiente pensó en que solo tenía la foto, no supo su historia, su nombre, su número de teléfono…lo curioso fue que sabía que la encontraría de nuevo…y sí, así fue…En el próximo pueblo y justo al poner las dos sillas en la plazuela del mismo, Ella apareció…Te lo dije le dijo, que nos volveríamos a ver. Él señaló las dos sillas, la botella y los chocolates…Hoy suelen recorrer los pueblos y las ciudades siempre con las dos sillas listos para escuchar las historias de las personas en el Mundo de Morfeo.”

 

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