martes, 3 de mayo de 2011

Extraños En La Noche

“Clásica, bella, eterna. Una luna amarillenta en el cielo me dio la bienvenida. Me encamino hacia la noche y empecé esta caminata. Camine entre callejones y calles repletas de autos. Repletas de gente y de anuncios por todos lados. Con una mochila en el hombro, una libreta y una pluma. Sin pensar mucho, quería sentarme en un lugar donde nadie me viese, donde nadie me atendiera o me prestara atención. El bosque estaba muy lejos y sin carro. A la vuelta de una calle vi. un tipo de edificio viejo. De esos que tienen acceso a la azotea donde tienden su ropa, guardan sillas y herramientas. Subí por una escalera por un lado del edificio deseoso de encontrarme fuera de la gente ajeno de este mundo que arde a cada minuto, aun en una noche fría. De separarme de la sociedad porque necesitaba encontrarme a mi mismo. Escribiría durante unas horas y me escaparía entre las hojas a un mundo al que no tuviera que rendirle cuentas. Un iluso en búsqueda del verso perfecto, un idiota en búsqueda de la historia que haga soñar a un mundo necesitado de actores. Al llegar arriba, camine entre la azotea y finalmente encontré un lugar para sentarme. Una especie de estructura de tinaco. Suspire una, dos y tres veces. Saque la libreta y la pluma de la mochila y empecé a poner la fecha cuando la escuche. Curiosamente, escuche a alguien hablar a solas, hablar consigo mismo. No había nadie alrededor y se contestaba sola. Escuche una especie de plática entre la persona y su alma. ¿Qué debió haber pasado para que alguien hable con su alma? ¿Cuántas veces hablamos con nosotros mismos? Uno no lo hace a menos que no encuentre muchas alternativas o quizás sea por soledad. Me sorprendí de escucharla. Una voz hermosa. Note que inclusive sollozaba pero no podía interrumpirla y tampoco saber de lo que ella hablaba. ¿Como iba a entrometerme? Uno no siempre se habla con el alma misma de tu a tu.  Busque la voz. Di vuelta al tinaco y la vi. Recargada en una pared mirando hacia abajo con sus cabellos sueltos que le cubrían su rostro. Me acerque sin hacer mucho ruido y tosí para hacerle notar que estaba ahí. Levanto su vista. Y sin mediar palabra. Le abrace. Sentí que lo necesitaba y ella me abrazo muy fuerte. Sollozaba aun más. No le dije nada. Se dice que uno no debe dejar de abrazar a alguien hasta que la persona lo hace. Después de unos minutos me soltó. No me veía aun, sin embargo, mantenía su mirada perdida y seguía llorando en mi hombro. Me quite una cadena que me ayuda cuando me siento mal. Cuando la depresión explota y quiero huir de todo. Se la puse. Le dije al oído que con ella podría llorar y también le ayudaría a dejar de hacerlo. Que ella lo decidiera. Le ayude a sentarse y me senté a su lado. En silencio dejando que los minutos pasaran, dejando que lo soltara todo. Dejando que se fuera todo al viento que acariciaba la ropa de la azotea de enseguida. Lentamente empezó a calmarse, lentamente empezó a respirar mejor no soltaba la cadena, aferrada a ella, la veía y apretaba su mano. Sin embargo, note que estaba mejor. Tal vez la soltura de la noche, el suave frío que acariciaba sus cabellos. O Tal vez el hombro que ocupa uno para llorar le hace sentirse mejor, cualquiera hombro sirve, aun cuando es por un desconocido. A veces solo se necesita eso, una compañía, sin palabras de aliento, sin preguntas sobre el porque y el como. Sin juzgar solo por querer ayudar o por solo juzgar. Un abrazo lo puede todo. Brinda algo de seguridad. Ahí estaba yo huyendo del mundo, queriendo desaparecer en la noche. Solo por una noche, solo por este día para no caer presa de nadie y estar conmigo mismo. Que sorpresa me había dado la noche, me había hecho participe en la vida de alguien y la oportunidad de externarle mi apoyo cuando mas lo necesitaba, en este mundo de solitarios aparecí en su vida o apareció en la mía. En este mundo de diferencias, me había hecho acompañar a alguien o que alguien me acompañara. La azotea y el viento, la luna amarillenta y pocas nubes en el firmamento. Se limpio las lágrimas con su chaqueta y levanto la vista. Por un instante se me quedo viendo y avergonzada me sonrío levemente. Le devolví la sonrisa.  De seguro la sensación de verse llorando enfrente de mi, le hizo solo sonreír. Nos presentamos y me pregunto que hacia yo ahí. Le conté mi historia sin ahondar mucho en los detalles. Mi huida, mi búsqueda de jugar en el mundo ese que arde, de reencontrarme conmigo mismo de vez en cuando para entender donde estoy parado y a que camino me dirijo. Mí llegada hasta una azotea con ganas de suspirar, escribir e irme a otro mundo lleno de historias y caminos diferentes. Pero eso no es importante esta noche le comente. Lo importante es saber como alguien como tu llora en una noche así. ¿Cómo es que sucedió que decidiste hablar con el alma misma? Me sonrío de nuevo. E inicio su historia. De cómo se sentía engañada con el mundo, triste y totalmente nostálgica, su búsqueda de una felicidad pasajera y la caída abismal hacia el pavimento estrellándose contra el y rompiéndose la espalda. Con los sueños olvidados y guardados en un cajón, decidió por enfrentar la noche en sollozos, hablando con el alma misma para saber porque los pájaros ya no la despiertan en la mañana y porque un beso no esta marcado en su mejilla. Dos desconocidos en una noche, en una ciudad que llora en silencio. En una oscuridad tan honesta que nos desnuda con su mirada. Dos locos intentando no cambiar el mundo como todos, sino huir de el. Escapar de el y buscar una nueva puerta que nos lleve a horizontes mas lejanos que nuestros sueños. Extraños en la noche diría la canción. A la distancia se empezó a escuchar la radio. El programa de los jueves. Las 11:30 p.m. “Le saludo en esta noche alegre en la ciudad, estamos aquí en su programa de los jueves Las Lunas Cambiantes. Una válvula de escape para los soñadores, para los locos buscando sueños, para los románticos ilusos. Todos somos uno. Todos giramos en este mundo que se nos va de las manos y consciente o inconscientemente somos parte de la sociedad. De las plantas, de los bosques, del cielo y del río que cruza por toda la ciudad. Hoy tocaremos el tema del destino. Ese termino utilizado tanto en las publicaciones de libros así como en el cine. No se ve, no se puede comprar en la tienda de la esquina y tampoco se le puede arrebatar a alguien, menos aun se puede manipular para que este suceda. Y suele siempre combinarse con el amor. Se cree que es destino cuando sucede lo extraordinario. Lo que no esperas y lo que deseas mas y claro cuando sientes que te hace sonreír. Hoy la Luna es amarillenta, moderna, excitante y redonda tal como un queso fresco. Si estas afuera, ya la has visto, si estas adentro del algún lugar, sal y asómate. Una excelente vista verdad? Millones de estrellas y somos tan solo un par de pecas en el universo. Aprovéchalo, diviértete, ama, goza de la vida y cuando hagas algo siempre sonríe. Degusta como un niño un postre, esta noche, sonríele a la vida. Ya sea que estés en la sala de un hospital esperando ser atendido. Ya sea que estés afuera de un bar esperando por entrar o viendo desde la terraza la ciudad que se mueve a todo momento. Ya sea que estés en casa deprimido por algún detalle de tu vida. Sonríe. Alégrate de estar vivo y de suspirar. De compartir esta noche con nuestro programa. Seguiremos hablando del destino, de su magia, de sus frases celebres y de sus pésimas actuaciones en nuestra vida. Quisiera decir tanto y tengo tan poco tiempo, mañana habrá una Luna diferente mis amigos. Y tal vez estemos en cualquier otro lugar sin siquiera creerlo. Sin imaginar que se nos llevo aun sin querer o mejor aun deseándolo con el corazón mismo. La siguiente canción se la dedico a aquellos que han bebido del trago del destino. Que han saboreado cuando les ha sonreído al hacer su parte.” La canción tomaba tintes suaves e ilusionaba con sus cuerdas, iniciaba con una tonada casi susurrándose al oído. Letra por demás romántica y de comunión con el mundo. Los dos escuchamos en silencio.  Nos mirábamos sin decir nada y entonces me levante y la invite a bailar. Nos abrazamos sin esa pose romántica. Un baile común que en la noche se denotaba hasta divertido. Le quite el cabello de su rostro y le vi sonreír. También le sonreí. De nuevo esa sonrisa que ahora iluminaba nuestra noche. De nuevo esa emoción de alegría que recorría el cuerpo. Un par de minutos y todo lo que puede sucedernos. Una sola canción y lo que puede llegar a generar en el sentimiento humano. Al término de la canción. Nos quedamos parados sin decir nada, escuchando la narración del locutor de las Lunas Cambiantes. Seguía en su conversación sobre el destino, narrando sucesos extraordinarios y tomando llamadas del público hasta que termino el programa. Las campanadas de la iglesia más cercana dieron las 12. Y la radio se apago. Un ligero viento cruzaba por la azotea y se movió la ropa del edificio de enseguida de nuevo. Sin querer me dio un beso en la mejilla y me devolvió la cadena. Gracias me dijo. Nos veremos luego. Nunca me ha gustado decir adiós. Ha sido una buena noche ojala que termines tu escrito. En ese momento me percate que aun no había escrito una sola página, que inclusive las páginas se paseaban de un lado a otro en blanco. Una historia escrita en vivo, a color. Cuando volví a recoger la libreta y guardarla en la mochila ella se había ido. Y ahí me quede conversando un poco conmigo mismo. Me asome abajo. Las calles seguían llenas de auto, llenas de luces y de gente caminando de un lado a otro, de música de fondo con su ruido. Pecas en el universo. Extraños en la noche. Baje por la escalera de nuevo y camine, camine, al fondo como siempre. La clásica, bella, y siempre fiel Luna Amarillenta me acompañaba”





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