“Todo anochecer tiene una historia por contarse en el mundo de Morfeo, cisnes negros bailaran en la guardia del loco que jacta de ser cuerdo.”
Esa frase fue escrita hace años, decenas de meses, cientos de días y de horas mejor no hablar, aun se encuentra en la pared de las escaleras. Y él que jacta de ser cuerdo, parece más loco en cada aventura, en cada caída que se destruye desde el techo y termina alcanzando el sótano. Todo da vueltas a su alrededor, prefiere mejor cerrar los ojos ante una posible debacle que se avecina porque el corazón no le miente cuando sus palpitaciones se acrecientan sin razón alguna. Y es por ello que no comete el delirio de usar su teléfono, una larga lista de contactos aparecerá y destinado a utilizar yendo de la A a la Z, no encontrara quien escuche sus lamentos, sus progresivos argumentos del porque la sensación al sentirse abrumado por el cumulo de experiencias y tragicomedias que ocurren en su propio mundo debajo del mundo real, donde se explican de manera lógica bajo las reglas que ha impuesto la sociedad, moralidad susceptible a cualquier argumento que no se entienda, acciones que no caigan bajo su gracia o sean cobijadas bajo la interpretación de una regla pactada. Siempre se debe luchar contra los vicios aun cuando estos parezcan ser buenos, se disfracen de dinero bien habido, de versiones orgullosas por realizar acciones que representen buenas causas, o bien esos son gustos y placeres para suplantar reacciones en nuestro propio ser, pero él no es así, no pretende tampoco serlo. Ciertos patrones no entiende, el vive de locuras intrascendentes que lo llevan siempre a terminar en este sótano postergando sueños que se los lleva el viento o el derrame de alcohol entre otros tantos vicios, su mansión se ha perdido ante la modernidad que ha llegado para quedarse, haciendo de las relaciones un abismo cada día siempre y cuando lo permitamos y dejemos que se nos venza por lo cómodo que resulta hablar a través de esta tecnología que nos permite ser otros, opinar ante el mundo y jamás ser sometido al escrutinio de ver nuestros gestos reflejados en los ojos de quien nos escucha. Su mansión se debate en el filo de la nueva y la vieja ciudad, en momentos se asoma desde una de tantas ventanas para apreciar la caminata de las personas, el ruido que ensordece los oídos llevado por los autos que se desplazan, y escucha sus voces contando mitos fantásticos de todos los que han vivido en su hogar, si tan solo supiera se dice entre dientes y mejor calla, el susurro de su otro yo le llama. El aventurero ese que pide salir a gritos porque la negrura de la noche se ha asomado de nuevo y esta harto de estar encerrado, debe sentir el calor de la ciudad, el aroma del sexo opuesto, ser libre porque cuidar el que dirán o el porque ser así no le importa mas. Hay noches para todo y su otro yo saldrá, es otra noche en la jungla. Es otro grito de ausencia del amor y sus derivados, su personalidad destructiva contra restando con su yo que quiere quedarse a dormir, aprisionado por una ansiedad que va comiéndoselo aunado al sentimiento de culpa que hoy lo embriaga como tantos días lluviosos. Ese yo temeroso, pulcro, cuidador de las situaciones y embelesado por hacer todo correcto, intentar ser mejor persona que ser lo que el, es. Es una lucha sin reglas y sin tiempo, lo mismo da si es toda la noche. La mansión con sus grandes pilares y ventanales que rozan los limites imaginativos del arte gótico, mas bien parece casa embrujada, una puerta de madera pesada con un cuervo tan negro como el cielo esta noche sin timbre alguno salvo la argolla que sirve para lo mismo, dos grandes pilares y una teja con la inscripción del apellido familiar aunado a la ventana que cual ojo único de ciclope cuida la mansión de sus enemigos, ahí se encuentra el estudio y el diván donde el que se jacta de cuerdo se recuesta todas las tardes a esperar la noche, a escrudiñar en periódicos y mas periódicos, a entender volúmenes de cuentos bíblicos y razones del como se llegó a este periodo violento, mundano y también encontrando respuestas a esa idea que siempre alcanza a rescatar todo lo perdido, la voluntad de querer y de vivir contra todo lo posible por sentir y compartir la existencia misma con sus ritos, rescatando almas que se iban camino al infierno. Tardes nubladas han pasado cientos de veces, se han atardeceres completos esperando que lo grisáceo del cielo se esfume pero no ha ocurrido, es un mal de la ciudad, es su característica especial como otras tantas ciudades en este país. Aquí escribiendo, estudiando, haciendo experimentos jugando con las palabras y las historias se oculta de lo que tanto le incomoda de las afueras, es un temeroso o mejor dicho para el, un precavido que quisiera mantener atado a este hogar, pero la noche siempre le torna susceptibilidad, arranques de adicción, denostando improperios contra los moralistas que no se atreven a salir en búsqueda de aquello que rompe los paradigmas y los convierte en un pan de cada día, resolviendo esos fuegos internos y sus desafiantes experiencias en promoción de los placeres. Bendita noche que arribaste de nuevo para que el deje de hacerse la victima y se dedique a vivir la vida como tal, a disfrutar, a romper corazones y delimitar sus sentires hacia lo que le plazca y le llene las expectativas, utiliza la puerta lateral para que nadie se percate de donde vive y menos que es aquel que vive en ese lugar olvidado. Portando chaqueta que llega hasta el suelo protegiéndolo de la lluvia, del frío, de los sentimientos expresados, cabellos largos y oscuros. Cuanto ha cambiando el mundo, murmura, mientras cruza la calle de adoquín adornada por colores brillantes, adquisiciones realizadas para mejorar el turismo enalteciendo la ciudad y detener a quien ejerce el trabajo mas longevo del mundo, se debe cuidar la moral. Pero él no se distrae, camina ni rápido ni lento, solo lo hace enérgicamente. Ha optado por aquel viejo barrio donde siempre existe gente dispuesta a encender la llama de los vicios, poca luz y lámparas fundidas que se escrudiñan entre callejones y casas que no tienen pinta que alguien las habite salvo los malvivientes, cazadores de la carne, amantes de las pasiones desenfrenadas que no tienen nombre, allá va él, encaminándose a una de las tantas casas que existen en el viejo barrio manteniéndose de locos como el que entran y salen casi al amanecer, esta noche no deberá ser la excepción, la casa es de un solo piso llena de pasillos que van y vienen, dentro pinturas en grafiti de villanos, escritores, mártires decoran la casa. Todas las religiones pero sobre todo una gran cava de botellas que van desde el tequila hasta el vino tinto, del ron hasta el whisky, y no puede faltar barriles de cerveza amontonados, aquí no se le cobra a nadie, los amantes de la noche dejan dinero, joyas, prendas para tomar su botella, es un buen trueque, y así el que se jacta de ser cuerdo, destapa la botella alzando la copa y brindando ante los demás que sonríen cual vampiros a punto de atacar, bellas mujeres, viejos adinerados, señoras con anillo, aquí tampoco han llegado las clases sociales aunque siempre se sabe quien es quien o se entienden las jerarquías. De este lugar poca gente conoce, ya se olvidó como llegó aquí pero jamás se olvido de cómo regresar, se ha tomado 4 o 5 botellas de licor yendo cada minuto, cada trago hacia al abismo donde nada parece ser lo que es. El ritual ya esta por empezar, los presentes se acercan al centro de una gran sala, que anteriormente servía de estudio, la Luna los sigue desde el tragaluz que hace salir el humo de la fogata que comienza a crecer, la pipa se pasa de mano en mano recordando a los nativos, a los adictos, bailando alrededor de esta gran fogata sin mascaras degustando el placer de vivir y de sentir el cuerpo hervir de fervor por el humo que ahora los embriaga o los hace alucinar. Todos bailan, todos cantan y uno que parece el líder de esta gran sala, les toca el hombro a cada uno de ellos susurrándoles al oído: “bienvenido seas, deja fluir aquello que sientes y desinhibe tus emociones no importa mas nada”. El loco pierde sus sentidos, alucina navegando en playas distantes, descalzo sintiendo el poder del mar y ve de vez en cuando un rostro familiar que siempre le sonríe a pesar de que en un instante el mar se embravece y el cielo se tiñe de gris, siempre le acompaña, le dice que este tranquilo, no existe el temor aquí, solo el cariño pero enseguida desaparece y el vuelve al baile olvidando ese destello, tomándose de la mano de una dama sin tabúes que le roza con sus dedos los labios lamiéndose las uñas como los gatos e invitándolo a participar en tal apasionado acto que es el poder de la seducción, desde tiempos remotos esto ha sido repetido, emulado, y el apto para todo esta noche, le roba un beso tras otro, acariciándole su cuerpo en un arrebato de pasión comiéndose sus labios y su cuerpo a mordidas llevándose en cada movimiento una pizca de su ser, una pizca de oscuridad, la fogata crece y el tragaluz desahoga el humo hacia La Luna y la ciudad que aprecia como aquellos que abajo están, se convierten en lobos hambrientos, seducidos por encontrar el elixir de la vida reflejaran todo mañana en sus poesías, sus escritos, sus mundos encontrados dentro de sus mentes, en sus disculpas. Despertó justo cuando sintió la tierra moverse, en un instante, un escalofrío recorrió su cuerpo y limpiándose la boca sintiendo el ardor en la garganta se veía venir de nuevo, el día, se levantó y escapó de la casa sin despedirse de nadie, afuera aun se teñía el cielo de gris pero ahora era engalanado por un tono rojizo estremeciendo su cuerpo al sentir el frío, camino y camino hasta llegar a su mansión, no había curiosos y subió las escaleras a paso acelerado esperando por la jaqueca que ya se sentía en su ser, una ultima mirada al telescopio en su estudio para ver a la Luna desaparecer y recorrer la ciudad, el ventanal le daba la vista que siempre le gustó desde que lo recuerda, ajustó el telescopio paseo por las casas de la ciudad y su corazón se paralizó, frente al ojo del telescopio en una de esas casas en color ladrillo la mujer que veía en la playa le saludó con una sonrisa y la mano en la ventana, casi se cae pero se quedo apreciando su belleza, sin saber que decir, su otro yo alzó la mano diciendo hola. Ella correspondió con un hola en sus labios, tenia grandes y bellos ojos grises como el cielo, el destello del amanecer le derivaba en su bata de dormir un aire angelical, él sintió su corazón desfallecer. Describirá durante todo este día, la bondad que percibe en sus ojos, relatará los sueños que vienen a su mente o incluso descubra que se encontraron en vidas anteriores, vivieron con el corazón abierto el cariño y las gotas de amor. Escribirá sobre ella, será su musa y las siguientes noches, no cree regresar al viejo barrio ni tampoco al sótano, saldrá en la tarde gris con sus tonos rojizos caminando por las calles adoquinadas y al llegar a su casa, la historia de aquel se jacta de ser cuerdo, cambiara. Habrá Cisnes negros bailando en el estudio y el perdido en los ojos de ella, visitarán el mundo de Morfeo.”
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