martes, 18 de octubre de 2011

Mundo de Morfeo (3era. Parte)


“En viernes de Luna escondida y falto de estrellas, quizás la vida se ha olvidado de nosotros, nos dejaron las espinas y se llevaron los jardines del mundo, pero aún siempre se puede ver el cielo. Mundo de Morfeo”

“Se escucha el sonido del viento caer sobre la ciudad, es repentino y viene del norte. Empieza a crear música de la nada y temor entre los caminantes que realizan ejercicio así como de los ejecutivos maletín en mano  van a refugiarse en el café más cercano y los ávidos de aventura en donde el alcohol es permitido.  Se avecina posiblemente una tormenta por el viento que comienza a ser mas fuerte cada segundo,  empieza a crecer, a tocar las ventanas de las casas, a acallar las voces de aquellos que platicaban amenamente, apagando las luces de los que cocinaban con sus ventanas abiertas y echando a volar las cartas de las adivinas que al momento era un buen día, ahora se asemeja mas a una de esas cartas que no quieres mostrarle a tu invitado de honor. Será este el principio del camino, el fuego naciendo de cenizas destinadas a morir por ser parte del pasado, una ultima noche en la penumbra antes de partir agarrando el ultimo bocado de vida dándonos la oportunidad de sentir de nuevo, de volar como los cuervos, de sonreír como los payasos frente a los niños, probar el sufrimiento o intercambiar un desangelado te extraño a quien mas quieres. Todos tenemos un lugar a donde ir, es por ello, que los caminos siempre hallan la manera de permanecer abiertos, de dejar aunque sea un par de huellas y aquí, ha decidido abrir la ventana diciéndole al viento, no me he marchado aún. Sigo de pie, aunque este de rodillas, no me he caído, aunque sienta que en cualquier instante derrame una lágrima. Afuera, el viento suelta sonora carcajada jactándose de ser todopoderoso. Saldrá a regocijarse de la vida por su naturaleza obligándolo a autodestruirse como cualquier ser vivo, es una decisión que oculta su ser, siempre dispuesto a probar una gota de sangre con tal de encontrar su poesía perfecta o su experiencia mas absurda, y todo siempre comienza donde mismo, al caer la noche o mejor dicho, al terminarse la misa de 7. Cuando suenan las campanadas el sacerdote diserta las ultimas gotas de su discurso impartiendo versículos que siempre sirven para guiar a los hombres, encomendándoles una oración que los lene de calma y provea de alguna forma esperanza para ellos en un mundo cada vez mas cautivo de fallas personales, valores olvidados y materialismo adoptado.  La luz de la tarde ilumina las bancas y las cruces al igual que rompe con lo gótico de la estructura de esta iglesia, es territorio sagrado aunque al parecer cada día vengan menos. El padre se pregunta si alguna vez sabrá porque día tras día, a la misma hora, ese hombre llega ¿Cuál es su penitencia? ¿Por quien viene a pedir? Su vestimenta no le dice nada al sacerdote, salvo lo obvio que percibe de este tipo. No parece importarle lo social o el buen vestir, que ha pasado por alto la limpieza de su rostro o el aseo de sus zapatos, parecía un forastero. Vestido con chaqueta oscura de corte casual, zapatos con suela desgastada y una barba tan larga que se queda la comida en la comisura de los labios y una cadena blanca como la plata colgando de su cuello cual castigo de los Dioses, intimidando con su mirada al joven sacerdote. Afuera luces de color neón, parejas resolviendo el mito del amor, adentro, un cura y su único seguidor cual escena de una puesta teatral en una obra sin nombre representando el enlace con Dios, con lo divino, la paz solicitada por tanto tiempo. El sacerdote por fin se atreve a hablarle:


- Buenas noches, hijo mío.        
- Buenas noches, padre.
- Conozco a mi rebaño y tú eres el más hermético, hasta dude si podías hablar. ¿Cómo te va?
- Me va bien, Padre. Y a Ud. ¿Qué tal le va? Es una bella tarde ¿no lo cree?
- Si, hijo. Es una buena tarde, me he preguntado muchas veces desde que estuviste aquí la primera vez, ¿Por qué vienes? Lo diré mejor, ¿a quien le rezas?
- Es terreno
-          Es terreno sagrado padre, incluso los pecadores podemos entrar. ¿acaso esta Iglesia lo prohíbe?
-          Claro que no, hijo mío. Es la casa de Dios, esta abierta para todos pero me intriga lo que tu persona muestra
-          ¿Qué muestra?
-          Eres siempre puntual a la misa de las 7, te sientas en el mismo lugar, llevas una rutina marcada al entrar aquí, sin embargo, no eres un devoto. ¿buscas redención?
-          ¿redención? Ja. No Padre, busco el elixir de la vida, el camino de mi propia percepción de la realidad y el mundo que queremos para sentirnos lo que somos como personas.
-          Aquí puedes encontrarlo, cuéntame como es que has iniciado tal búsqueda.
-          Lo siento, Padre. Hoy solo puedo decirle que me gusta su Iglesia, le encuentro un poco de mi reflejado en ella y me sirve para entender que aunque se mueva o se caiga, siempre esta la puerta abierta. Buenas noches, Padre.
-          Buenas noches, te veo mañana.
-          ¿Cómo sabe que vendré?
-          Los pastores cuidamos de nuestro rebaño, además, tu lo dijiste, la puerta esta abierta.


Escapándose por las calles aledañas, en su búsqueda frenética de noche tras noche, sintiendo el viento golpear su rostro, el se resiste a ocultarse avanzando hacia la antigua plaza que parte la ciudad en dos, reflejo de ricos y pobres, de pasado y presente, sabe que ocurrirá lo inevitable resolviéndose el conjuro de su día. Ahí todos se reúnen invocando sentimientos que mañana quizás se olviden, las personas se dan cuenta de su presencia pero nadie le mira a los ojos, aquí a nadie le importa lo que digan tus ojos, solo lo que proyectas y eso termina por crear la imagen de tu karma y de tu carácter. ¿Hace cuanto que no se preguntan por su corazón? ¿Hace cuanto que no presumen de lo que representa un amigo para ellos? ¿Se olvidaron de lo importante por lo urgente? Quizás aquí pertenece se dice mientras viejos periódicos y menús vuelan por la plaza al sentir al viento gritar, tomándose del barandal del único edificio alrededor que no tiene nombre ni numero y menos aun gente afuera protegiéndose del viento. En el edificio la puerta en color rojizo deslumbraba a quien pasada pero jamás alguien abría, se acerco y toco con una melodía, en un segundo la  puerta se abrió suavemente lo suficiente para que el pudiese entrar. El edificio tenía un gran recibidor de siglos anteriores  y un solido arco que llevaba a la sala principal, encima de este, un extraño escudo que a el no le importó jamás descifrar se desprendía en su color madera como un ojo mordaz digno de un ciclope. La sala se convertía en un gran salón de tintes griegos bajo una gran estructura arquitectónica, con mesas en escuadra adornadas por grandes manteles destellantes en color rojo como la sangre adornados por grandes candelabros estilo gótico repletos de velas que colgaban desde el techo gobernando a los extraños que degustaban bocadillos y tragos de tintes blancos en las mesas, alrededor de este salón se erguían libreros y nichos atestados de historias y gestas heroicas hechas por novelistas, desde la mítica Ilíada hasta el Conde de Montecristo, infestados los pasillos de meseros yendo y viniendo hacia el jardín disfrazados de pingüinos. Es este el lugar mas a la vista y el mas oculto del centro de la ciudad, no cualquiera puede entrar pero no es exclusivo de nadie, solo existe una condición; es para los amantes de la noche o vividores de sus propios sueños indescifrables, los que extrañan la vida que dejaron o los que tienen un doble propósito, sobrevivir para después vivir. ¿Será posible? Los presentes aguardan por la Luna rojiza cual lobos hambrientos de pasión y locura. Los candelabros fueron apagándose sin saber por quien, quizás fue el viento mofándose de los hombres, pero el forastero sonrió al igual que muchos otros que en su intuición entendieron que no por nada todo se había convertido en la penumbra, no se habían equivocado. Al encenderse el mas grande de los candelabros, violinistas se apoderaron de la orilla del salón antes de bajar al jardín, detrás de ellos una gran pantalla colgaba desde el techo mandando a todos a sus asientos y la champaña empezó a danzar por todas las mesas resolviendo los pensamientos de cualquiera, es un llamado a la locura o una vertiente de la cordura. Bienvenidos dijo alguien al fondo “cualquier noche puede ser especial, mas aun que cualquier día todo puede destruirse o caerse en pedazos”, el le sonríe a la noche quitándose su sombrero y continúa: “estamos por empezar, gracias a los que vinieron y, gracias por mantener el secreto. Es una desafiante sensación esta de interpretar sueños y de vivir como tales, no sabemos el futuro e intentamos vivir todo lo que podemos, disfrutemos de la noche, ya mañana el Sol nos dirá como empezar de nuevo”. Los violinistas alistaron sus instrumentos, en la pantalla apareció una película muda en blanco y negro uniendo el silencio con el sonido de la melodiosa canción que los llevaba navegando en casa por los ríos del tiempo, todos aplaudían cada que podían, susurrándose cada situación o cada experiencia que en la película les recordaba. El forastero hacía dos minutos que se había olvidado de la película y el espectáculo, frente a el, la violinista del vestido rojo le había robado su respiración, no se percataba de nada, su mirada le había desnudado como a un adolescente y ella lo sabía, le había sonreído en esa forma que solo las mujeres conocen, de alguien que sabe que hace y adonde va, comiéndose el mundo en su caminar, pero hasta el mas fuerte o el mas débil, necesita de lo vital para entender este camino de la vida, no sería ella la excepción. Se puede engañar a la mente, pero al corazón no, aunque así lo creamos, el tiempo que es eterno, lo sabe mejor que nadie al corazón difícilmente se le engaña por mucho tiempo. Un trago fuerte y directo de vino a la garganta, un aplauso tan fuerte que los integrantes de la mesa se voltean a verse unos a los otros pero nada mas sorpresivo que la sonrisa en ese rostro tan rígido y mundano, no sonrisa lasciva sino una sonrisa de ilusión repentina, de emoción proveniente de un reto, de un palpitar que empieza a repercutir en todo su ser.  Parece encontrarle sentido a esta noche que antes de esa mirada solo era una noche diferente pero no se convertía en de esas que recuerdas por años, ¿Cómo acercarse a ella, sin tropezarse como un inexperto? Ja. Se sonrió ante los demás sin que nadie supiese el chiste, sabe que hacer, por donde caminar, como lidiar e improvisar para tener lo que necesita pero ¿Qué necesita? Perdió la brújula y aun no entiende el como ni el porque, solo esta interesado en degustar mediante su olfato ese aroma que seguramente lo arrastrará por el suelo solicitándole una oportunidad de conocerle. Cuan ilusos son los hombres, creyentes de que todo se les perdonará, sin embargo, en los ríos perdidos del amor cualquiera se convierte en poeta o en hombre de bien.  El show duro alrededor de una hora, alentado por la posibilidad de tenerle, de conversar con ella hasta el fin de esta noche y el amanecer de mañana permaneciendo solo a su lado, estaba congelado en su sillón apenas percatándose de los aplausos y del discurso final, apenas dándose cuenta que tenia de nuevo la copa llena. Pronto el gran salón se dividirá en conversaciones amenas, en degustaciones de vino, en besos perdidos y abrazos olvidados, pero en el todo ha desaparecido, las fabulas se han escapado a otras mentes y su mirada perdida solo esta en esa silueta que ahora camina hacia el, tomando la copa de un sorbo diciéndole al oído:

-          Hola. Eres el que se oculta de todos, aunque todo mundo sepa tu nombre.
-          ¿Cómo sabes eso?, si es la primera vez que nos vemos.
-          Pero tú lo haces todos los días, he reconocido tu rostro al ir por mi madre a la iglesia, pues ella le ayuda al sacerdote.
-          No lo sabía.
-          Cualquier feligrés va a misa todos los días
-          Eso lo se, mi madre asiste a menudo. Es por ello que recordé haberte visto saliendo de la iglesia. ¿Qué estas buscando?
-          Nada. He dejado de buscar esta noche, lo que importa es, ¿te interesa salir de aquí?
-          ¿Por qué crees me iré contigo? no nos conocemos.
-          En eso te equivocas, tocas el violín tan esplendido que tu música como tu voz se han quedado grabados en mi mente, acompáñame. La luna esta por cambiar.
-          ¿tu como lo sabes?
-          No lo se, corriendo por mis venas esta solo la sangre de aventurarme un poco, pero te aseguro, que solo debemos caminar un poco por este pasillo
-          ¿adonde nos llevará?
-          Esa es la única sorpresa de esta noche, ven.

El pasillo era angosto iluminado solamente por pequeñas antorchas, cada paso que daban el palpitar del corazón de la violinista se aceleraba, sintiendo que le faltaba la respiración pero también reflejándose su sentido de aventura, al final una escalera de caracol que llevaba a un segundo piso, los dos subieron en silencio, el llegó primero estirando la mano para que ella alcanzase a subir, el roce de su mano le hizo sentir que no querría soltarla durante la noche, le dijo: esta es la sorpresa. Una alfombra roja cubría todo el piso, en el suelo grandes cojines con un incienso aromatizando el lugar, las paredes laterales reflejaban grandes escritos y frases en todos los idiomas, el forastero se quito sus zapatos caminando rumbo a la orilla del edificio, que abierto cual edificio estudiantil antiguo se veía iluminado por la luna que se escondida cual juguetona antes esas nubes grises y ese susurrar del viento, tomo una botella de champan del suelo justo a la orilla, recargándose y dejando su mirada en la violinista del vestido rojo que ahora le veía en silencio. El le señalo con su mano que cruzara el umbral y fuera hacia donde el estaba. Del cielo comenzaron a caer lágrimas mientras la violinista se quitaba sus zapatos caminando a su encuentro, la última lluvia del otoño había llegado para quedarse. Es la luna, los lobos aúllan, los vampiros degustan la sangre, y los errantes deambulan incluso los cisnes danzan, la esencia de lo que somos siempre esta con nosotros y para el forastero eso le ha regresado su gota de locura entre tantos cuerdos. El amor ha aparecido en su venas, viste de rojo, mira de reojo y dice hola con una sonrisa que llama a robarle besos que conviertan esa luna amarilla en rojizas cada noche, bendita madrugaba que se llevará todo hasta sus almas, del resto que puedo contarles, la botella yace vacía en la orilla del salón, los zapatos de ambos aun permanecen en el suelo, el incienso se ha apagado y los cojines aun siguen en su lugar, lo único que ha cambiado es la alfombra roja, ahora le acompañan una pareja que aún sigue hablando de la vida, el diciéndole que vea el azul del cielo y ella apuntándole al cuervo que se ha parado en el edificio. El sol apareció justo cuando los amantes de la noche buscan donde ocultarse, a esperar por las estrellas, fue una desafiante caminata sobre la luna, la llegada del amanecer y el nuevo día por venir. Mundo de Morfeo.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario