“Aunque el mundo se caiga a pedazos. Degustemos el trago, construyamos castillos en el cielo y sonriamos ante esa persona única en la vida que te hace el día cuando te ve a los ojos”
“Un cielo nublado partía el viernes en dos tipos de personas, aquellos que les parecía una excelente noticia y aquellos un mal presagio, aquellos que pendientes del reloj procuraban escapar a caminar por las aceras y aquellos que solo querían volver a cerrar los ojos para entender el porque de su sufrir en el hoy. La ciudad se dividía cual moneda lanzada al aire, dos tipos de personalidades jugaban en ella, los abstractos y los realistas, los metodistas y los rompe-paradigmas. Maldito cielo nublado, se repetía cada que sus pasos menguaban, trastabillando sobre la acera alejándose a paso del lugar donde vivía de regreso a la oficina. Que importa se decía, siempre terminamos regresando a donde pertenecemos, a veces solo le cambiamos de nombre al lugar pero sigue siendo nuestro lugar. Eterno viernes que proliferaba en el aire cual caricia de una mujer de la noche, ofreciéndonos todo para después dejarnos sin nada solo con nuestra alma, eterno fin de semana justo en el momento adecuado para los amantes de la vida nocturna y lo mundano de este día nublado. Sin decidirse por nada, por solo contemplar la extraña tarde en la ciudad mas calurosa desde su ventana, preguntándose donde esta lo que antes parecía lo mas extraordinario de la vida, su pertenencia con un mundo que ya no es el suyo solo lo aparenta, de nuevo algo se ha perdido, la salud, los deseos, los motivos, los principios, un todo que ahora parece tan lejano como la nada. De pie sobre la ventana en su escritorio, con el café que se torna frío e insaboro, atiborrado de papeles y números, el 7mo piso parece encumbrarse para degustar la ciudad siempre que sientes la garganta apretada por el nudo de la corbata. Pero hoy no es un gran día, es un día y punto. Incluso el vidrio de su ventana parece hacerle un mal gesto, una triste sonrisa invade su alma. ¿Qué pasa? ¿Qué es este dolor recurrente? ¿Qué son los motivos que lo han llevado aquí? El teléfono seguía sonando, su tintineo rompía el cielo de la habitación mas no el de sus pensamientos deambulando sin razón alguna en ese espejo que es la mente, en esa marea de imágenes, pesares y sensaciones caóticas que le daban orden a su mente pero le habían nublado el corazón, ¿Qué hacer? La amenaza de lluvia podría convertirse en realidad, y en el tintineo del teléfono refugiado en el 7mo piso, el ejecutivo se sentó encima del escritorio frustrado súbitamente una lagrima empezó a correr por su mejilla acelerando un bochorno que termino por erizarle el cuerpo, tal vez aun no era demasiado tarde se dijo, tal vez allá en aquel lugar se conserva una parte de su vida que ahora le hace falta, congelado para la posteridad y que pueda acceder en cualquier momento, ahí tendría que ir se dijo, la grosería que externo mientras se aflojaba la corbata le devolvió una indescriptible sonrisa aun a costa de esa lagrima que se había convertido en llanto cansado, desangelado, pero siempre liberador y así, el ejecutivo tomo su saco, sus pertenencias, dejó el maletín y descendió por las escaleras hacía los callejones de la ciudad en aras de sentir la vida en sus manos, en el viento, en el melancólico día y su llamado al sumarse a su suerte. Y así por las escaleras llego a la recepción mientras la recepcionista tomaba nota de su escape, afuera comenzó a enfriarse el ambiente. El ejecutivo expectante ante lo que podría ser un encuentro con su pasado, esas huellas dejadas atrás para prevalecer en el mundo de hoy, o bien el camino al futuro. Se desfajo y arrojó la corbata en protesta por su estado de ánimo, por cierto, ¿Quién inventó el estado de ánimo? No lo discutirá, tampoco se preguntara que tanto siente, mejor, rebelara su propio ser y olvidara juzgarse. El teléfono continua escuchándose, todos alrededor de él lo escuchan, y al cabo de un tiempo caminando antes de llegar al semáforo se acostumbran a su sonido. El autobús no llega y los pasajeros están desesperados por llegar a casa y, entre empujones y frenos mal usados suben apresurados mientras el chofer rompe todos los lineamientos, personas bajaban y subían, algunos sorprendidos por su vestimenta le veían apreciar la ventana y el rostro de la gente entre aquellos que iban en auto o caminando por la acera para luego perderse en el vacío que la tarde nublada le correspondía, el autobús anunciaba la última parada ya a las afueras de la ciudad, justo a tiempo, para regresarlo a la realidad , al bajarse el golpe de timón fue inesperado. Casas en ruinas bañadas por el olvido, calles desoladas fraguadas en suciedad, focos quebrados por vandalismo, camino hasta una de las casas y se sentó en el porche, abatido. Recorrió todo el vecindario en silencio, dejando sus huellas en las calles sucias, pateo piedras, rompió vidrios pero nadie apareció. Desolado, fuese la palabra si existiese nombramiento para tal situación. El mundo, su mundo se estaba cayendo a pedazos, y el venir aquí, solo le devolvió anécdotas, pasajes mundanos que extrañar y entender que no siempre se puede vivir en el ayer o en el mañana, entender que lo que hubo aquí no regresará por más que el haya venido en búsqueda de sangre para su corazón, o unos ojos que devuelvan su sonrisa, maldito cielo nublado se dijo de nuevo continuando su caminata hasta el campo de futbol. Ahí se quedó cual niño frente a un parque que ahora era ruinas y olvido. El campo aun conversaba las porterías, sin embargo, apenas se sostenían en pie atrapadas en las garras del óxido por las lluvias, la tierra y la falta de pintura al igual que las bancas donde se vitoreaban a niños hechos héroes por sus padres o a sus padres hechos héroes por niños, en la mitad de las viviendas arruinadas. Cerró sus ojos mientras limpiaba con un soplido la banca recordando tardes inolvidables o esas noches reviviendo grandes momentos, jugadas épicas, platicas interminables, evocando a sus amigos logrando batallas épicas o goles que parecían calmar la sed de gloria aunque fuese un partido cualquiera, aunque en lodo o tenis desgastados se jugase la victoria de la calle. La vida solo dejo las charlas sobre el futuro y aquello que deseaban hacer con sus vida, respiraba profundo encontrándose nuevamente camino a casa con un balón y las calcetas sucias acompañándola hasta su casa para sentir la vida en unos ojos y en una mano alrededor de su hombro en lo que duraba la eternidad ¿Dónde se habrá ido? ¿Cómo se le olvidó su número y su dirección? Ha mutado el mundo, ha mutado el mismo. Un fuerte sonido y una luz le trajeron un cambio en el ambiente, apenas empezó a abrir los ojos cuando la voz dijo:
- Ocuparás de esto para traer de vuelta la vida. El balón rodó hasta sus pies.
- Don, no sabía que aún viniese por aquí. Venga, siéntese
- Nunca me he ido, recuerda que alguien debía velar por el vecindario, no pude evitar muchas cosas pero aquí seguimos.
- ¿Dónde se han ido todos?
- ¿Dónde te has ido tú? Recuerda que no controlamos el futuro, apenas resolvemos el nuestro, pero seguramente esto te servirá, no eres el primero que viene en los últimos días, quizás sea el invierno o el camino de la Luna sobre nuestros pasos.
- ¿anotó sus teléfonos? Gracias.
- Apenas soy un enlace entre lo que se fue y lo que quedo. Ojalá que te sirva.
Aun se pueden construir en la destrucción, llamadas iban y venían. El cable de las comunicaciones y esa tecnología poco a poco revivía amistades dejando de lado si alguna vez se dejaron rencillas. El ejecutivo vendía y vendía un viaje de regresos a los recuerdos, una maquina del tiempo para retomar lo que felices también nos hacía, una llama que resplandecía en son de paz a aquellos que se fueron furiosos con alguno del vecindario. Habría de regresar el sonido de las voces al estadio, la irreverencia de los amigos jugando alrededor del vecindario. Unos hablaron a otros, y al punto de la medianoche el campo recobró su vida propia, abrazos, saludos efusivos, risas hilarantes y el balón rodando por el cuerpo del estadio, fascinando sus almas en una caminata sobre la luna, pases de fantasías, divididos en sin camisa al primer gol, el ejecutivo y sus amigos renacían de sus cenizas levantando la tierra al cruzar por todo el campo, ¿alguna vez jugaste sin la búsqueda de gloria solo por compartir un minuto más con tu esencia? ¿Le hace justicia al alma el volver a lugares donde amó la vida? Dejemos que conteste el sonido al entrar el balón por la portería, al soltar la risa y ser felicitado aun por quien recibió el gol. Ni el frío, ni la niebla, ni esa probable lluvia que podría caer en cualquier momento los detendría. Eran ellos, los de siempre, los que no se fueron, los que no se quedaron en el suelo no cabe duda, que la amistad y la unión entre los seres humanos es lo que nos otorga todo. No el dinero, ni el poder, sino la amistad profunda en la aceptación de quienes somos. Las 3:00 a.m. y el viejo aun aplaude, todos se despiden acordando que una vez al mes volverán, misma hora, mismo lugar, por los ayeres y por los mañanas. Estaba a punto de empezar la caminata en la búsqueda de un taxi o ponerse de acuerdo con su amigo, cuando escuchó aplausos provenientes de la última banca del estadio. El aplauso llevaba nombre y recuerdo, nostalgia y un balde de agua llamado presente, pasajeros somos en esta vida y cíclicos mediante los caminos de la misma. Se despidió de sus amigos y camino a las gradas con la garganta seca y reseca si existe dicho término diciéndole:
-Cuantos años hace?
-Los suficientes para hacernos esa pregunta, dijo ella en su vestido oscuro con esos ojos que una vez rompieron corazones.
-Como llegaste aquí?
-De la misma forma que los demás, me pregunto ¿dónde estuviste durante tantos veranos e inviernos?
-Donde tú, en ese universo paralelo que son los caminos
-Jaja, tu esencia es la misma. Aunque nos falten las ganas, el tiempo o los deberes, conservamos la propia esencia de nosotros mismos
-Te casaste? Fijando sus ojos en sus manos.
-No, aun no. Y tú?
-No, falta camino por vivir. Ahora me doy cuenta que no estaba tan erróneo sintiendo la mirada de ella fija en sus ojos
-¿Me acompañarías al porche de mi casa? Quiero pasar un minuto antes de marcharme, es demasiado noche y es peligroso.
-Claro, esas huellas de polvo que dejamos esperan por ser marcadas de nuevo
Sobre esos pasos ahora, el ejecutivo y la mujer de vestido oscuro recorrían el mismo trayecto. Que diferente años encima, kilos encima, con manos en su bolsillo acompañándola el había olvidado cuan bella era, cuanto había cambiado su rostro ahora más experimentado aun con esos destellantes y aventureros ojos. Le tomo de la mano sin decirle nada besándosela y diciéndole al oído a ella que aun en estos días de adultos y en esa ciudad lejana pensaba en ella. Que caminar a su lado cambiaba su humor, dándole sentido a tanta nostalgia. Ella beso su mejilla sin decirle nada salvo que se sentase con ella. La neblina poblaba el vecindario y la extraña Luna se asoma sonriente cual demonio en una noche nublada y con neblina, apenas se ve es lobuna y amarilla, preguntándose si habrá vida allá afuera, si apenas siendo unas pecas del universo los hombres se dejaran de preocuparse por vivir y solo se dedicaran a hacerlo, aunque apenas se veía detrás de toda esa neblina que tal como la vida, viene y se va, llevándonos de aquí para allá y viceversa, se ve con claridad pero también solo se ve lo que el corazón nos deja. La ciudad estaba llena de esta neblina peculiar durante la mañana y la madrugada, era el gallo que nos despertaba y nos decía que la naturaleza hace cambios y debemos adaptarnos... El placer del momento vale el dolor de heridas futuras. Llueve a cuentagotas, se asemeja a esas noches donde se conversa sobre la vida y el mundo que nos da de comer cada día esos placeres que nos mueven el alma. Y ahí sobre el polvoriento porche, empezó a llover a cuentagotas mientras las siluetas se entrelazaban en un beso que bajaba castillos del cielo. Frío rebosante de calor humano, noche ataviada de luces en los ojos cual luciérnagas en el viento, siluetas nocturnas acompañándose en una vida que aun cuando el mundo se caiga a pedazos, aún podemos degustar el amor aunque eso nos tomé una noche como esta. Una vez al mes, los vecinos de la antigua vecindad abandonan su vida terrenal y adulta, para adentrarse en lo que los filósofos llaman nostalgia y retomar aquello que se quedó, un viaje en la vida para no olvidarse de quien se es en el mundo, al final dos personas tomadas de la mano caminan hasta un porche polvoriento cargando en sus hombros el baúl de los recuerdos y los futuros, disfrutando de los presentes. Así es la vida en el Mundo de Morfeo, oscuridad y luz, locos y cuerdos, metódicos y rompe paradigmas.”
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