martes, 6 de marzo de 2012

Mundo de Morfeo (8va. Parte)

“El alma se había perdido. Alejada de sus pensamientos caminando en una playa solitaria se deshacía de aquello que no necesitaba, se alimentaba de sus nuevos deseos y veía con ilusión la vida, se jactó de aprender del pasado y soñar con el futuro.  Mundo de Morfeo”

“El enfermo desvariaba continuamente, a pesar de llevar una vida normal y cotidiana, muchos días sufría en casa. Su casa ataviada en colores primarios y combinaciones que se llevaba los ojos de los invitados y ocupantes, reflejaba mucho de lo que el había sido en su vida pasada justo cuando era anarquista e intransigente, amante de los placeres aunado a gustos que solo sus amigos comprendían. Odiaba los hospitales al igual que la mayoría, pero a el le genera pavor, enfermedad, miedos y su asistencia se lograba cuando aquella persona enferma era realmente importante para el o el suceso mismo por lo que la persona había pasado. La casa se distinguía entre las grandes casas de la ciudad aun sin ser la más grande o la más chica, sencillamente había pasado de generación en generación y ahora, en un país carente de monarquías, cualquier camino que llevase hacia ella o que fuese parte de su linaje aun sin que este fuera adinerado generaba morbo a ese sentido de pertenencia familiar que trasciende siglos. Hoy sin siquiera abrir las cortinas no sabe que la luz del día ha llegado, la oscuridad es parte de su vida al llegar a casa, fiel lector de periódicos y libros de suspenso, no se percata si el día se fue o llego puesto que la habitación goza de oscuridad total debido a su insomnio, sin embargo, se da cuenta que no puede moverse, que el dolor corrompe sus sentidos y sus ganas que empieza a nublarse su cielo cayéndose de nuevo sobre la cama, indefendible ante esa ausencia de la salud, presagio de un día largo y desvariado donde todo habrá por caerse hasta el abismo de la ansiedad alimentando viejas deudas e insufribles momentos que le den caía libre aun estando bien parado sobre sus pies. Se está desesperando de nuevo, alejándose de aquello que le impulsa a seguir, hoy solo se siente desfallecer, tanto es ese dolor que lo aqueja en su interior que cae dormido debido a la fatiga mientras allá afuera se nubla y corre aire gélido.  Su misión de hoy se ha convertido en soportar de nuevo los embates de este dolor que quien sabe cómo llegó aquí, apareció de la nada dirían unos, llegó plantándose cual trabajadores en huelga y comenzaron a exigir una cruel batalla contra sí mismo, Platón aquel filósofo griego decía que esa era la madre de las batallas, conquistarse a uno mismo, en búsqueda de consumar una victoria más sobre los demonios o esto será más doloroso esta vez, aun en estas condiciones percibe una sensación de movimiento allá afuera, de cambios climáticos vertiginosos y de índole social rompiendo modismos o bien conservando lo humano que todos traemos dentro. Debe salir de aquí se dice a sí mismo con sus ojos bloqueando cualquier resquicio de luz si es que algo entra en esta habitación, y empuja su alma a no dejarse, empuja con gran esfuerzo a su ser para no dejarse caer ya que parece ser una barrera mental hecha por el mismo o por la vida llevad, es lo que ocurre con la razón de nuestros actos en el mundo estos siempre acarrean consecuencias y a veces son trágicas, otras solo nos rompen el corazón. Pegó un grito al unísono y al instante su asistente se asomó por la rendija de la puerta sin hacer ruido alguno solo un susurro preguntando que se ofrecía:
-          Siéntate, ¿Cómo te va?
-          Bien Señor, ¿en qué puedo ayudarle? ¿le traigo sus pastillas?
-          No, no tiene caso, esas pastillas solo prolongan lo inevitable en un mundo con final.
-          Entonces, el dolor persistirá recuerde que su doctor le pide reposo absoluto. Tómeselas o quiere comer algo antes?
-          No, búscame la computadora y abre una hoja en blanco, hoy quiero hablarle a la vida
-          ¿a la vida? ¿Cómo es eso?
-          Tú serás mi pincel y esa hoja en pantalla será mi lienzo, no suelo hacer esto pero no se ocurre que allá afuera hay cosas que deben saberse no porque a alguien le importa sino porque la mejor manera de limpiarse el alma es escribiendo.

Y así el enfermo hablaba sin tapujos y la ama de llaves escribía por primera vez en su vida en aquella casa haciendo uso de aquello que no le pertenecía, sería una periodista, una escriba, una contadora de historias como aquella que cambiaba páginas a los amos de las óperas, sostendría al orador el discurso con el que este alzaría su voz en el teatro, se jactaría de ser parte de esta historia escrita y bien merecido ya que desde hace casi 10 años cuidaba a el y a su casa. Escribía sin buscar ortografía desafiando a los escritores estudiados al final el solo es una persona expresándose mediante el corazón y sus formas de decir lo vivido, no habrá mucho que arreglar ni sustancia que agregar, será lo que es, un hombre hablándole a su propia vida y a su propio yo, que traiciones sufrirá por su yo interno, que tragedias encontrará en ese camino de vuelta a su pasado, no le importa mucho ya que un hombre es lo que es por aquello que ha hecho y los ideales que han prevalecido en él. La pantalla en blanco se llenaba de letras, palabras y oraciones gestando esa historia que quería contar aunque nadie leyese, pero esta debía contarse porque, no se, quizás lo alicaído por su enfermedad que el sentía, la extrañeza que carcomía su ser desde que despertó en alguna hora de este día, exhausto cayo repentinamente dormido mientras el ama de llaves guardaba y cerraba el archivo dejándolo con un medicamento para que su dolor bajara aun cuando aunque él no quisiera. El Ama de llaves notó en el enfermo un cambio radical a pesar de su enfermedad parecía abstraído por decir algo de su vida y porque no, una percepción de querer modificarla en el día que se venía encima. Yacía dormido y en el sueño luchaba y luchaba contra cientos de recuerdos y opciones destruidas, reflejándose en un edificio bañado de espejos y la luz de la Luna siempre en su persecución cual policía en una ciudad de ladrones no recordaba haber sentido la felicidad o esas gotas de satisfacción desde aquel par de semanas alrededor de la playa contigua a la ciudad ya algunas vueltas pasadas de la tierra, ¿sería una locura volver ahí? Hurgar en la vida de otra persona para sentir la felicidad, la satisfacción, su vibra y que ello curase esas lágrimas que comenzaron a derramarse aun el enfermo en sus ojos cerrados presa este abrupto sueño, despertó sonriente en un instante sintiendo lágrimas de dolor pero de encuentro con algo que pudiese cambiar estos días sin sonrisas, el ama de llaves se acercó a él y le pregunto si estaba bien, pero él le dijo continuaremos pero fuera de aquí esta casa me ahoga, le dio algunas instrucciones y consiguió levantarse. La posibilidad de ser un día más uno mismo, siempre está latente y más si es hacer al alma caminar por el mundo porque perdida ya está. Empacó su mochila cual niño explorador, llevando solo efectivo dejando el auto y pensando en incluso quedarse a acampar, se dio un baño rápido sin tomar precaución alguna en crema, protector para el sol, basta de tantas precauciones y animado recorrió las escaleras resonando sus sandalias por aquella gran casa en silencio, parecía extraviado en aquella casona en la cual solo había pinturas, jarrones, plantas, candelabros, siempre se puede estar en casa si el corazón está en calma y así en un día en el que apenas el sol se plantaba sobre la ciudad, comenzó su andar por las calles adoquinadas de la ciudad que apenas despertaba dejándose abrazar por ese aire que siempre corría por la ciudad cual fantasma en su antigua casa, su sonrisa al caminar despreocupado encontrándose con gente apresurada por llegar a sus trabajos, a dejar a los niños al colegio o correr por el autobús, el no. Dejo que la vida fluyera por un instante olvidando que faltaba o el horario al que llegar y se remitió a sentir el aire que la ciudad le alimentaba, ¿Cuántos días habían pasado? Semanas, meses quizás, donde todo se hacía añicos o todo se volvía de papel, no todo el tiempo debe ser así, si bien es cierto debemos tener trabajo en nuestra vidas para poder pagar aquello que nos hace sentir felices, inmunes y nada nostálgicos, su camino fue de vida pasada, saludado por algunos, ignorado por otros, sonrisa a la par de expectación mientras se preguntaba si esto era lo que necesitaba para renacer una vez más, después de un autobús y un paseo en una bici taxi si es que tal término existe, botella de vino en mano cubierta por esa mochila, el enfermo retomaba su esencia, su táctica para invocar viejos vicios que adornan la vida de cualquier hombre si de aventuras se tratara, y llegó, majestuosa la playa en pleno inicio de mañana eterno, cuan efímero panorama que se lo lleva todo los días la tierra, hemos dejado de ver hacia el cielo se dijo a sí mismo, mientras daba un enorme trago a su botella impactado por el Sol que se había tragado las nubes grises de la noche anterior. ¿Habrá funcionado ese mensaje dejado en la contestadora? Se pregunto caminando por la playa sintiendo la arena en sus pies maltratados, con el sol retándole a disfrutar o a caer bajo su yugo, el enfermo se jactaba de ser rehecho por su propio pensar alejándose de todos ahí junto con el alma que se lo gritaba desde adentro golpeando como un martillo tratando de romper una puerta, y él se dejó llevar, compartiendo el vino con su yo, con sus sentimientos y su pasado para romper sus hojas, quemarlas y arrojar las cenizas al mar, eso debe ser lo que nos da el pie hacia el presente y pasaje hacia el futuro quedarnos con lo que nos importa sin ser material, desayuno ahí en la arena en un picnic para uno, ojos bien abiertos protegidos por esos lentes maltraídos y ajenos, sin importar si aquel mensaje tendría eco en su mundo, debemos degustar nuestra libertad de ser nosotros aunque esta durase todo el día. Continuó su caminar hasta el faro con la brisa de la playa rodeando tal faro. Una vista espectacular, que con unos billetes fue permitido a subir y quedarse ahí un buen rato a disfrutar del paisaje. Miles de personas han subido hasta ahí desde ya casi 500 años que esta playa fue encontrada para admirarla, sentir su fuerza interior e intercambiar sensaciones y sentimientos, recargado en la orilla de la estructura alrededor del faro continuo su botella y sus bocadillos, escribiendo en sus servilletas para saber que había sentido aunque sea con un par de palabras. Ahí permaneció hasta el filo del mediodía impregnado de aroma a playa finalmente decidió que era momento de bajar a continuar su caminata hacia el hotel que mantenía la promoción de bebidas hasta las 6 de la tarde, una luz comenzó a cegarle iba y venía cual juego de niños, entonces sonrió porque el mensaje había tenido eco. La playa solo le hacía más bella, hermosa en un vestido floreado, portando un sombrero y lentes oscuros, era honestamente, la mejor vista que del mundo había tenido en años una belleza que deshacía la arena a sus pasos que incluso la orilla del mar le rendía pleitesía. Pensó que de nuevo estaba soñando, pero ahora era despierto, el alma no le estaba traicionando esta vez mientras bajaba las escaleras saludándole desde lejos, corrió por la playa marcando sus huellas en la arena y ella radiante lo espero, al llegar frente a ella con poco aire en sus pulmones diciéndole:

-          ¿escuchaste mi mensaje?
-          Al principio dude de lo que habías dicho, tuve que escucharlo un par de veces y entonces decidí que no tenía que perder más de aquello que alguna vez perdí. ¿Cómo escapaste?
-          No escapé, fue una decisión de probar de nuevo el aire, cierta doctora me recomendó el mar y su agua salina para sentir de nuevo y curar un poco las heridas.
-          ¿en que llegaste? ¿Dónde te quedarás?
-          Supongo que en la villa donde todo el mundo se queda o bien, no dormiré y me quedaré a compartir una tarde, una noche, un día contigo.
-          ¿Cómo sabes que no tengo que irme?
-          No estuvieses aquí, anda ven.
-          No lo sé, aún sigo pensando que estoy haciendo aquí.
-          Estamos viviendo lo que la vida siempre nos ha pedido, estar donde queremos estar. El bote nos espera.
-          ¿Cuál bote?

El Enfermo tomó a la maestra de la mano y en la playa el lanchero corría empujando el bote y deseándole suerte, y subieron con la tarde que apenas comenzaba, de la mochila se asomó una botella de vino y de debajo de la banca del bote dos copas cristalinas que se llenaron al instante envuelto bajo ese cielo que de vez en cuando se acerca mucho a la tierra. No se ocultaron nada, abiertos de corazón bajo la rojiza tarde compartieron hasta el aliento y degustaron sus vidas, sus caminos y esa anécdota donde ambos se perdieron del mundo por un par de días, dejando todo atrás para solo vivir intensamente esa experiencia que significa compartir el alma. La música la puso el mar y las copas al llenarse y vaciarse cada tanto tiempo. Lo poético, lo trágico, lo mundano, los sueños y los demonios, lo todo y lo nada. Deseos de permanecer aquí, apreciando el pedazo de cielo pintado por ese rojo que solo dura unos minutos pero que es capaz de hacer que el tiempo se detenga, el mundo cambia a diario y debemos aceptarlo para después disfrutar de él. El mar estaba descansado con la marea baja llevándose el atardecer dejando que la noche tomará partido aquí. Un parte aguas en la vida de ambos, en una noche que se avecinaba lo podía todo, calma y relajación, vino y conversación, unas manos tocando las otras, una comunión con este pedazo de mundo rompiendo todo lo anterior para entenderse con su otro yo o mejor dicho, para amarla a ella y junto a ella. El enfermo le escribía y guardaba todo en un botellón, cual burdo e insensato poeta, siendo un aventurado a decirle todo lo que sentía y decirlo al oído y a gritos que el mar se reía de él, pero la maestra le sonreía, tomándole la mano sin dejar de verlo directamente a los ojos. El loco por ella, leyendo el último de sus versos puso unas flores en el botellón y guardo las servilletas diciéndole que el mundo y sus aguas habrían de enterarse lo que el sentía por ella y este se fue navegando por el mar dejándose llevar a donde la marea decidiera, ya estaba todo dicho. La noche y la luz del faro se encontraron con un bote cerca de la orilla del mar, una botella nadando suavemente por la marea y dos siluetas caminando por la playa dejando huellas en la arena. Durante dos días nadie supo de ellos, de hecho aún se dicen anécdotas de quien ha encontrado la botella del otro lado del mar, sin embargo, se dice que el enfermo ya no duerme tanto y no padece tan seguido de sus problemas y que la maestra ha cambiado su ruta y retomado sus labores altruistas en la ciudad de calles adoquinadas y edificios grises con luciérnagas alumbrando sus parques. El alma ya no caminaba perdida y sin rumbo fijo, había encontrado la fuerza de sus pasos en esa voz y esos ojos que le apreciaban a diario, se jactó de ver hacia adelante y que la arena en sus pies se desvaneciera al pasar. Mundo de Morfeo”

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