martes, 11 de marzo de 2014

Los Infelices

“Desde que le vio en aquel parque corriendo mientras las hojas descendían, lo entendió todo, ya nada sería igual. Se perdió en ese trotar que irrumpía no siempre a la misma hora pero siempre aparecía…cual arcoíris después de una buena lluvia. Fuera el día soleado o nublado, fuera entre semana o en domingo, trotaba de una manera particular y singular, como si brincara de vez en cuando…usaba cabello suelto de vez en vez y otras cabello recogido…si le pidieran describirla, él aun no sabría como definirla pero de algo si se dio cuenta al instante…su personalidad era tan fuerte como sus huellas dejadas en el parque…indiferente, audífonos en los oídos, corría con precisión y no miraba a ningún lado su miraba estaba fija hacia su objetivo paso tras paso. No sabía que decirle, como llamar su atención, como remover esa indiferencia para intervenir con un hola, una sonrisa, una mueca, lo que fuese pero conseguir de alguna forma que ella le viese, robarle un beso a esos labios rojos fue obsesión al instante, sin embargo, no fue fácil…pero que es fácil en la vida que valga la pena dicen los enamorados. Adquirió ropa nueva, corrió en el parque, intentó mutar para entrar en su rango si es que existiese eso, se adhirió a cualquier corriente de pensamientos y así, acercarse a ella pero nada parecía funcionar, solo se imaginaba como seria su vida a su lado, conocerle, tomarle de la mano, pero hay dos cosas que asustan al hombre…No Obtener lo que se quiere y obtener lo que se quiere. Pero estaba cansado de ser pasivo y temeroso, nada sería igual se dijo y de alguna manera, sintió que se presentaría su oportunidad…tal vez rosas, un regalo, una pregunta tonta pero el destino hizo su parte…Sus historias habrían de cruzarse una soleada tarde en aquel parque cuando ella tropezó justo frente en el lugar que él estaba, de inmediato se apresuro a ayudarle, le tomo de su brazo incorporándole preguntando casi en un susurro si ella estaba bien, ella asintió, pero su rodilla decía otra cosa…le invito a sentarse un momento y fue por hielo…ahí sin nada más que una rodilla adolorida y una banca sucia, todo empezó. Un hola, una pregunta tonta y el mundo cambió para siempre…primero fue un saludo, después ligeras conversaciones…un día el le invito a comer, otro día ella le invito a correr, y algunos otros solo fue ese teléfono que no paraba de sonar…conscientes de ese gusto que solo se da pocas veces, repercutió en noches en vela, en emociones generadas de las carcajadas y de las sonrisas apenas visibles cuando se encontraban…esa fuerte personalidad fue minando a medida que el la conocía mas, se adentraba en un terreno que le intimidaba pero que le era placentero…no sabía del mañana pero del hoy le disfrutaba…le encontró ella misterioso, demasiado callado pero veía en esos ojos una extraña combinación que le empezaba a intrigar, no le gustaba el termino, gustar o desear, más bien era interesante para ella. Fueron meses de expectativas, de descorrer las cortinas del corazón para apreciar las mañana soleadas del conocimiento mutuo, pero a menudo las sonrisas no mienten menos aun esa cercanía al hablar…Una noche él le invitó a cenar…del lugar si me permiten describirlo era un pequeño restaurante cuyo aroma de cocina impregnaba incluso hasta la ropa…decorado con tapices de viejas ciudades, frases de vida y flores alrededor…sobre ellos decenas de pequeñas lámparas en tonos ámbar y dos copas de vino que intercedían entre ambos…degustaron el vino, comieron entre risas y fueron descubriéndose esas miradas que se encontraban cada vez que una nueva melodía irrumpía desde aquel saxofón cuyo artista recorría las pocas mesas del lugar, no había pista de baile, pero él le invito a bailar, llevo su mano hasta su cintura y con la otra tomó la suya, unieron sus mejillas y se adentraron en ese ritmo pausado y suave del romance…ella lo supo, el lo admitió..pero ninguno emitió palabra alguna…y así el sería engullido por sus ojos y sus manos que jamás le dejarían ir…así, dejaron aquel restaurante para continuar la noche en cualquier otro lugar en el que solo ambos estuvieran…caminaron durante un tiempo hasta que ella le dijo aquí deteniendo con su mano el caminar…detrás de ellos se erigían viejos edificios y luces azuladas, ahí mientras él se percataba del brillo de las estrellas en sus ojos…ella le robo el corazón mientras dejaba que él le robaba un beso tan fuerte que rasgó los labios y detonó para siempre su historia…así, abrazo sus labios con los suyos apretándolos hasta saciarse de ellos como un huracán que arrastra todo a su paso, una eterna melodía sonaba entre ellos, sería su antes y su después, en esos ojos vio lo fuerte y frágil de su corazón…y el sencillamente, le adoro. Las siguientes semanas fueron un temblor en su vida, reescribieron la rutina y dejaron fuera todas esas actividades en las que no podrían verse…ella lo intuía, pero el ya lo sabía…ella le robaría todo, su mirada, sus caricias, sus palabras aun sabiendo que ella le rompería el corazón y le destruiría la razón, el se dejo llevar, porque cuando se ama, difícilmente el futuro es una preocupación, es más bien un sentimiento insensato que trasciende lunas. El quería ser infeliz, saber de que hablaban todos, sentir bajo su piel ese tonto sentimiento abstracto llamado amor. Romper reglas, principios, horarios…entregándose a los ritos del amor, de la pasión desmedida, aunque entendió que su misión era complicada y arriesgada se dijo que quizás en el sentir estaba el ganar sin importar la forma o el fondo y así, ambos se arrojaron al vacio…para sentirse como nunca…un amor que quemaría todo a su alrededor cual fuego del cielo. Deshaciendo todo lo que habían conocido antes en los caminos del amor, en los destellos de pasión, en los amaneceres primaverales, en esos días donde nada parece igual…amantes caóticos bajo lunas perdidas y sueños mal habidos, encontrándose en añejas madrugadas que se convertirían en eternos amaneceres, vivían una historia que los uniría hoy, mañana y por siempre…lo seria todo aunque no tuviera nombre de nada. El deseaba tanto ser infeliz, lo había leído, lo había visto en el día a día, en esos pequeños instantes en los que sentía escalofrío durante las noches o ante un anhelo, que su corazón palpitase fuerte y reflejara en su rostro sus emociones vividas al límite…sin embargo, no se percato que en la vida aun con los ojos abiertos, uno puede estar ciego y así, sin explicación alguna, quizás por un desangelado hola, por un beso extraviado, por una rutina que empezó a cansar, o sencillamente algo se desprendió de ellos o algo que no estuvo jamás ahí…ella desapareció dejando solo el rastro de caricias en el rostro, carcajadas en el eco del oído, de fantasías increíbles y de algodones de azúcar cayendo desde el cielo…él se convirtió en lo que más deseaba…un infeliz con besos robados y el corazón roto…cual olas que se perdieron en la arena pero cuya fuerza arranco las rocas…la belleza de su ser le había encarcelado el alma, y ahora, aullaba cual lobo pidiendo sus abrazos ante la pérdida de su amor…el amor no es para siempre se repitió una y otra vez llorando su partida ante ese sonar del teléfono que jamás se contestaba…Ella estaba lejos pero también lo sentía, quizás fue demasiado lejos, no explico su verdadera historia por adentrarse en ese espinoso andar que es el amar aun sabiendo que sería también un poco mas infeliz…él se refugiaba en esas noches efímeras congeladas en el tiempo por su corazón descarrilado sobre el tren de la vida…una estación a la cual jamás podrían volver aun retornando sobre sus pasos, sus miradas estarían perdidas aun en la rutina de su andar y de vez en vez…soñaría al cerrar sus ojos con esas noches donde mientras el robaba besos, ella robaba su corazón. Él lo supo desde un principio, cuando recorría los pasajes de su memoria en búsqueda de pistas por las cuales ella se había marchado, razones, emociones, tragedias, todo paso por su mente, lo acepto desde un principio…seria un infeliz con el corazón roto, un arquitecto con su obra más bella inconclusa…recolectaría su corazón en pedazos y algún día podría unir sus piezas de nuevo, y sabiendo el dolor que causaría, aun así acepto verle en aquella calle tan conocida por ambos…sin expectativas, sin coraje o ganas de romperlo todo o de volver a empezar…en medio de todo en un silencio abismal, apenas se vieron a los ojos, porque el sabia que esos ojos le destruirían el alma y la razón de nuevo…le devolverían a aquello que había extrañado tanto…pero ahora sería diferente, quizás infeliz para siempre pero no de la forma en que lo fue con ella…si le pidieran a el que la describiera, hoy frente a ella podría decir no mucho pero no poco…escribiría de todo si le dieran papel, hablaría de poco si le dieran una grabadora, hay momentos que el corazón y los ojos lo dicen todo…Ella tomo su mejilla por última vez, altiva, desafiante, le pidió abandonarlo todo…no mas cartas, no mas llamadas, no mas tragicomedias, no intentar que ella fuese algo que no es…se lo pidió con una voz fuerte y despectiva…quemarlo todo…cortar el mundo en dos con las tijeras del desamor o más bien del olvido y la nostalgia…felices en calles opuestas…el aceptó…y se despidieron como lo hacen los amantes caóticos…con las manos separándose lentamente y un beso que él le dio por última vez…y ella se quedo en medio de la calle mientras el partía…El beso le partió el corazón, sus lagrimas fueron llenando esos ojos que ahora rojizos se perdían en la figura que se alejaba por esa calle a media luz…todo se tornó de color sepia…los edificios, la ropa, el café, incluso la Luna…que historia no se hace a partir de un beso y las consecuencias de los labios chocando entre sí…mirada baja, sus cabellos ocultando la ilusión rota y las ganas de caer en un abismo lo que no sabe es que aquella figura que se difumina lleva su misma expresión…el mundo se dividió en dos, las calles, el firmamento y finalmente sus manos…el sueño cayó en ese río que ahora ahogaba su respiración…súbitamente un desasosiego se adueño de dos corazones rotos…todo cambió en un segundo, un desvarío del destino, la consecuencia de una decisión…un beso destruyó el suelo bajo sus pies y todo se torno en color sepia…tiñendo incluso esos ojos tan bellos como la puesta de Sol…una historia siempre se escribe en un adiós o en un hola, la suya, no era la excepción…Nada nos pertenece ni nada es para siempre, pero algo era seguro, aquello fue amor…amor del que se escribe, se canta o se ruega, del que duele, que permea y se anhela, aun en la ausencia o en el pesar…nada parecía tan seguro como que eso era amor…pasajero, permanente…un instante congelado en los pasajes de la memoria, en la respiración agitada por las noches en vela, en días nublados y lluviosos…del ayer ellos saben, del mañana nadie sabe…pero del hoy todo adolece, destruye y rompe cual temblor…Una noche finalmente ella lo entendió, había apostado fuerte en contra de lo que su corazón ahora dictaba, se percato muy en el fondo de regreso a casa por esas calles desoladas que también era lo que jamás deseo ser…Infeliz…De todo dudo pero de algo estaba segura…aquello fue amor, aun cegada desde adentro, del que no se olvida y se queda con una parte de nosotros para siempre…del que se escribe y que llena de lluvia los rostros…el ya lo sabía y ella lo admitió…cual líneas paralelas que jamás se juntan…se dividieron la ciudad en el Mundo de Morfeo”

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