“Fue un amanecer como ninguno y
tan común como tantos en la ciudad, pero desde su vista en aquel edificio se
asemejó como una Ola soleada que rompe en la orilla del mar de casas, edificios
e iglesias. Siempre le gustaba apreciar el amanecer, sentía que se avecinaba
algo magnifico, un paisaje al cual podría acudir cada día y del cual no se
aburría. Pero este día en particular la singularidad del amanecer atrajo la
tristeza, la nostalgia y un sentimiento desolador que se apoderó de su corazón
inundándolo como una corriente de agua desbordada. Y entonces la lágrima que
descendió desde su ojo hasta la mejilla le hizo moverse de la ventana y regresar
a su mesa donde una silla de tonos rojos le esperaba, pensó en que se le estaba
yendo la vida en un sinfín de desafortunados incidentes de los cuales había
escapado o más bien por los que se había castigado en el exilio del
departamento en el que ahora habitada. Se sentó y se sirvió de nuevo mientras
ajustaba la hoja en la vieja máquina de escribir, del ordenador poco se acuerda
durante estos meses, había decidido hacer una prueba, vivir ajeno al mundo
exterior tanto como quisiera y solo resolver pinceladas de las que no podría
deshacerse, por ello, contactó a través de un nombre falso, y un ensayo para
convencer al jefe de redacción de apoyarlo con una columna sin paga de manera temporal,
así fue el comienzo del Poeta Tuerto. Y así, podría expresar de alguna manera
todo lo que le aquejaba al igual que sus pensamientos sin que eso crease una
conexión con el mundo del que se había alejado. Sus primeras columnas llamaron
la atención, había pedido al diario que si hubiese quien se interesará por
intercambiar opiniones lo hicieran a la redacción y solo sería por carta
escrita a mano, al principio intuyó que eso sería un problema pero pocas cosas
le interesaban, solamente quería mantenerse activo y no vivir de su anterior
fama. Al fin y al cabo, era el mismo hombre con otro nombre, pero su
subconsciente había encontrado nuevas puertas y alcances donde él hallaba más
temas y mejores cosas por decir. Poesía como medicina para el alma, poesía como
un bálsamo en una noche triste, poesía como un salvavidas ante la marea alta del
mar de la nostalgia, poesía como un amigo en una tarde solitaria. Un día salió por la comida de la semana, su
barba lentes oscuros y cachucha sucia lo hacían pasar por alguien más aunque no
desapercibido tenía que admitir…hizo las compras necesarias y se dio algunos
gustos y con paso cansino se dirigió de nuevo al departamento, frente a la
puerta estaba una pequeña caja. Sabía de donde venía pero aun así volteó a
todos lados, abrió, primero ordenó las compras, bebió dos cervezas mientras
leía por un buen rato hasta que se decidió por abrir la caja. La letra era de
su contacto en el periódico: “Le felicitó, han llegado cartas para usted, ponga
la caja de nuevo afuera y nos la llevaremos a la brevedad, saludos” no es que
fuese un código de guerra, honor, amistoso, donde nadie pudiese saber más, pero
cuando se une uno a la alfombra roja de la fama, pocas cosas quedan como
privadas. Entre todas las que leyó y algunas que contestó fue una la que llamó
totalmente su atención, el sobre era de un color verde fuerte, de letras
grandes y de una caligrafía que le encantó al instante, además lo mejor para él
fue que se hizo llamar por una Autora que él había leído muchos años y le evocó
una sonrisa que hacía meses no obtenía. Abrió un poco la ventana, dejando ir el
aroma a encerrado y ahí recargado la leyó. Le pareció interesante su forma de
expresarse y de entender sus columnas, pero sobre todo la breve descripción de
sus autores favoritos más la forma de dirigirse a él con un tono de usted como
se hacía antes y desafiando el concepto de hacerle llegar la contestación
mediante la carta. Acercó la carta a su nariz olfateando un perfume apenas
perceptible pero del cual no podría olvidarse jamás, solo de imaginarle
escribiéndole a él, sonrió por primera vez en mucho tiempo y le escribió de
vuelta. En la siguiente columna que se publicó en el periódico se incluía una
estrofa de un poema, una prueba del Poeta Tuerto para sus seguidores, pero
mediante el código de honor, no sería por internet, habrían de enviar la hoja
del libro de donde este había salido, no había premio alguno salvo saber que se
habría alcanzado la meta. La estrofa decía: “Pobres de esos dos amantes cuyo
amor se les irá como la arena entre las manos, dejándoles solo las heridas de
lo que no fue”. La semana le fue a su vez muy larga y muy corta…larga en el
sentido que esperaba por las cartas de sus seguidores y de ella en particular,
y corta, porque pasaba más tiempo en la máquina de escribir embelesado por la
música y el sonido que las teclas hacían al plasmarse en el papel como una
canción favorita aparece en el momento que la deseas más. Apuró un trago
dejando caer otro tras otro en el estómago y continuó leyendo, oyendo las letras
y dejándose llevar hasta que escuchó los cuatro toques en la puerta. Esperó por
unos minutos y entonces salió, la caja había crecido un poco como un árbol en
la banqueta de la calle. Esta vez leyó las cartas como un profesor, algunos
habían atinado, algunos no, en todos ellos que respondieron correctamente
aparecía la hoja del libro agregado, a los que no, les dijo donde podían
hallarlo. Pero se percató que debajo de las cartas, había una caja pequeña…al
abrirla se encontró con una versión del libro del autor del poema, era una
edición del bolsillo, una hoja atravesaba el libro justo donde el poema había
sido escrito. Otra vez de nuevo el aroma, otra de nuevo la imaginación cruzando
su mente que antes había sido obstruida y hoy de nuevo experimentaba ese ímpetu
de realizar poesía, escritura, columna…y entonces en la nota, había una prueba
para él. Habría de llevar su columna a la gente, aquella que no leía comúnmente
cuya suscripción al periódico no existía y él debía ir al kiosco de la ciudad a
las 6 de la tarde para llevar la poesía o los párrafos de la prosa. ¿Yo? Dijo
él ante la carta, como se atreve a ponerme tal reto, El Poeta Tuerto, tenía ya
casi cuatro meses recluido. Su aspecto desaliñado, sus ojos habían perdido la
costumbre de ver a la gente a la cara, de platicar en persona y sobretodo, la
tarea de enfrentarse a un público del que había huido con el corazón roto,
desangrado e inerte debido al pasado… ¿Cómo reiniciar? Pero el reto ahí estaba
y ella había cumplido el suyo a través de su columna, así que le
contestó…incluyéndole la siguiente frase: “Seremos esos dos locos intentando
ser lo que no son, para alcanzar a ser lo que somos y así, continuar navegando
por el río de la vida”. Descubrió que podría enviar a una persona en su lugar,
al final, leer siempre es sencillo si se habla simple sin palabras rebuscadas,
sin embargo, se percató de un hecho, la columna fue realizada mediante un
ejercicio de no ser justamente él, de vivir como otra persona, de no ser presa
del internet y las nuevas modas, de polvo y olvido mediante un seudónimo, un
escape, uno no ser para ser lo que fuese, y así soltar todo ese fuego de su
corazón mediante palabras que quemasen las hojas y poder sanar cual fénix en su
nido. Aceptó el reto y a cambio le envió a ella otro libro, con una nota
adjunta. También él sabía jugar. Días después, la fecha se había cumplido…justo
ahí en el kiosco de la ciudad…la tarde se cernía con su gran sol y sus nubes
como espectáculo en el cielo, pero había un AS sobre la manga del escritor…a
las 6pm se levantó el telón, la gente comenzó a congregarse y él se preguntó si
ella estaría presente… ¿Cómo reconocerla? Dos mimos aparecieron en el
escenario, tras ellos la estructura de una ciudad les acompañaba, ambos
levantaron un anuncio con el título de la obra, si es posible llamarle así,
decenas de personas se congregaron cuando el mimo se paró frente al micrófono
sombrero y lentes de sol…y anunció la obra…se escuchó una voz intensa, fuerte,
parecida a los que anunciantes de concursos de televisión. Detrás de la
estructura de la casa, él se hallaba, oculto, se le ocurrió que mejor esos dos
mimos para contar una historia que hallarse con un ermitaño harto de las
personas y la fama con el corazón roto les contase sentado frente a un
micrófono, él habría de ofrecer entretenimiento y así darle una sorpresa a la
lectora que le había desafiado. Los mimos inflaron dos grandes globos amarillos
que parecían bombas explosivas sacadas de una caricatura y las reventaron
mientras confeti caía sobre los espectadores. Entonces inició su relato, niños
y adultos se fueron acercando al kiosco para escuchar así la voz gruesa y
cambiante como las de los cuentos de televisión mientras los mimos actuaban para
ellos…la obra fue tomando fuerza y adeptos, los aplausos aparecían y las
sonrisas también así como el grito ahogado cuando el suspenso tomaba la escena.
Él desde lo oculto con los ojos escrudiñando el público se olvidó de la
lectora, más bien de lo que buscaba y se enfocó en su historia, le gustaba el
toque de los mimos, siempre talentosos, divertidos, extraños en su expresión,
con la incongruencia de siempre decir algo sin poder abrir la boca. Al final,
irrumpieron los aplausos y de nuevo los mimos inflaron esta vez, más globos que
fueron rompiéndose para bañar de confeti a los espectadores, cerró con una
frase: “Le escribía como se le escribe a la vida…viviendo, siendo, estando,
besando…sin temor a enamorarse y caer al abismo de los sentimientos” se ajustó
los lentes, el sombrero y se marchó de ahí entre la multitud, le gustó para
incluirlo en su columna, se sintió como ganar una partida de domino o saciarse
de unos besos que antes se le habían negado…pero antes de recluirse en su
edificio de hierro, compró un café y un bocadillo en su lugar preferido, de las
cosas que extrañaba era una de las cosa importantes. Sin quitarse los lentes ni
el sombrero, nadie le conocía, el lugar era tranquilo, no muy comercial, pero
siempre lleno de personajes interesantes además la música era justa para la
ocasión. Cerró los ojos un instante mientras daba un sorbo al café y sentía la
guitarra en el pecho cuando alguien se sentó frente a él al momento que le hizo
una reverencia con la cabeza. Decir que era bella, era poco, decir que le cortó
la respiración como un atardecer en la playa, era aún más poco, era un sueño
vestido de verde largo hasta las rodillas y de una flor en el cabello, alcanzó
a ver el tatuaje en su muñeca. Le palpitó el corazón mientras le decía con la
mano que se sentase, entonces ella dijo: ¿Sabe quién soy? Él replicó, ¿Sabe usted
quién soy? Ambos deseaban que alguno de los dos lo dijera primero, para no
verse aventurados, exponerse a lastimarse por querer, pero ambos sabían quiénes
eran…y solo prolongaban las razones por las que los dos se veían a los ojos
como si viesen el paisaje más hermoso. ¿Así que es Usted la de las cartas
verdes? Si, y Usted es el Poeta Tuerto, o prefiere que lo llame por su nombre
original, el que dejo quien sabe porque. Déjeme decirle algo, le dijo él,
mientras estiraba un poco su mano para rozar las de ella procurando que la
conexión no se perdiese…Usted me buscó y Yo deseaba que me encontrará para
saber si lo que imaginé era lo que vería en este mundo real donde a menudo nos
decepcionamos porque créamelo, siempre generamos expectativas y debo admitir que
es usted más hermosa de lo que creí y que no quisiera se fuera a ningún lado
salvo que continuemos caminando, conociéndonos y encontrándonos para no
perdernos, si a usted le parece tal singular petición. Entonces Ella le sonrió,
como los niños sonríen ante un regalo, los abuelos ante un abrazo de sus nietos
o los amores cuando se encuentran…por las inmensas calles de la ciudad,
caminaron sin dejar de sonreírse mutuamente. Ambos querían apoderarse del otro,
y seguir siendo ellos mismos, pero en el amor las guerras siempre tienen dos
perdedores. Se aceptaron como la lluvia al sol y como el sol a la luna, como
una unión poco común que solo el amor une y el amor deshace…jamás se dijeron
sus nombres para que, a veces los recuerdos del pasado nos evita disfrutar la
felicidad del presente. La columna continuó, los retos se multiplicaron para
los lectores y la caja continuó creciendo en la puerta del Poeta Tuerto, solo
que el aroma de la carta verde ya no estaba afuera sino en cada rincón de ese
departamento donde los amaneceres siempre ofrecían un nuevo inicio. Los mimos
seguían en el Kiosco del Mundo de Morfeo continuando la historia de dos que se
hallaron para no perderse y seguirse encontrando en los labios de uno con el
otro.”
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