viernes, 23 de diciembre de 2011

La Otra Navidad



“El desdichado caminaba por la calle oscura, sin zapatos, con un saco que apenas lo protegía del frío, el clima había cambiado de un día para otro, sin embargo, seguía caminando, descalzo con los pies sucios y las plantas adoloridas. Había pedido toda la noche por un trago mas, una botella que aliviara su dolor y trajera algo de color a su día, a su vida, había pedido por una moneda mas grande para comer al menos una sopa caliente y acallar a su estomago que ya le pedía lo que sea,  pero ya no había nadie en la ciudad, los grandes edificios llenos de luces y movimiento estaban totalmente apagados, las ultimas compras ya se habían realizado y no había mas que rastros de las grandes promociones anunciadas por las empresas, nadie le volteo a ver afuera del supermercado cuando solicita un peso o un pan. Había cambiado el mundo, su mundo y esta noche todos estaban en la gran cena navideña, disfrutando de su familia, del pavo relleno hecho espectacularmente con minuciosidad por las madres o las abuelas, de la comida de fiesta pagada y mandada hacer desde dos semanas anteriores que los chef pronuncian y de la cual no nos importa el nombre solo engullirla, del rompope que animaba el momento y traía cientos de anécdotas de juventud, niñez y vejez. Se recargaba en las bancas y recordaba cierta navidad en particular donde apenas se divertía entre trompos y canicas, con su ropa nueva elegida para este día, regalos que duraban una eternidad, prendiéndole fuego a los cuetes y a las luces de bengala apasionado por la medianoche y la eterna navidad admirando a su padre tocando la guitarra esos eran buenos tiempos, no conocía la política, ni las trampas, no sabia de valores porque esos eran parte de el, no se enteraba de las noticias ni tampoco de la especulación de la bolsa, se conforma con lo mas simple lo cual ya no existe porque todos nos hemos vuelto avaros de esta gran manzana que es el mundo. Se sentía solitario y también entristecido por no saber que hacer en una ciudad donde vivió desde niño ya no había lugar para el, culpable de sus actos, parecía ser el ultimo de su estirpe. No sabia donde estaban sus amigos ni tampoco sus enemigos menos aun de sus familiares, hacia años que no los veía, se había enfrascado en la lucha por el poder y el dinero, en cambio su corazón iba perdiendo la bondad y el amor por la gente y su naturaleza que lo había llevado a perderlo todo en el ultimo año y no sabia por donde empezar y menos a quien hablar o visitar, no dormiría esta noche, tampoco la noche siguiente y por si fuera poco había escuchado que quizás nevaría el desdichado caminaba triste y cabizbajo. Conocía su ciudad de memoria pero no a donde ir en una noche como esta. ¿Quien estaría disponible? ¿Donde cenar? ¿Donde dormir? ¿donde llorar? Continuaba su marcha hacia un callejón en el que había visto durante la tarde, no era el mejor del mundo pero a la espera de la madrugada seria lo mejor, estaría oscuro y también menos frío desde ahí podía ver la Iglesia que se alzaba majestuosa en el centro de la ciudad con su ángel que la resguarda desde su techo protegiéndola de los demonios del mundo, ¿podría entrar ahí? el Señor no le negaría la entrada ni a el ni a nadie, camino hasta la iglesia y empujo la puerta con algo de esfuerzo, esta se abrió e ingreso al templo sagrado. Hacia años que no entraba a la iglesia y menos rezaba pero hoy desesperado sintiéndose como un intruso en casa ajena, estaba ahí, lamento no agradecer en la abundancia y si solicitar apoyo en la desgracia, fue hasta al altar y tomo una vela para calentarse las manos para después alumbrarse sus pies adoloridos y las sucias plantas de ellos, se arrodillo y se persigno para buscar una banca donde acostarse, los gruñidos de su estomago hacían un ruido que se escuchaba en todos lados. Del pasillo de donde salía el Padre, vio una sombra y se sintió un delincuente, estaba a punto de darse la vuelta cuando la persona dijo: Pensé que no vendría nadie, el Padre salio un momento y me dejo las llaves, puedes rezar junto a mi. El desdichado se quedo un momento pensativo y después se presento disculpándose, ella le sonrió, no es disculpa entrar a una iglesia le dijo y menos esta noche. Se sentó junto a el y le entrego un rosario al tiempo que le tomo de la mano para rezar con el, ahí estuvieron durante varios minutos hasta que sintió su dolor en el estomago. Le invito a seguirla por el pasillo donde salio, dudo un instante pero le siguió hasta un cuarto donde estaba una mesa y un cuadro de Jesús. Se sentó y ella fue hasta una especie de cocina improvisada, le sirvió una sopa caliente con un pan y le trajo agua. El desdichado empezó a devorar la sopa sin preguntar que era o si estaba muy caliente, cucharada tras cucharada, se sentía menos preocupado por su suciedad y desgracia y más ocupado en engullirla para recuperar su postura y su energía, sabia a gloria. Ella le veía sentada mientras tomaba una taza de café, aun preguntándose como esta noche se había encontrado con el ya que deseaba en el fondo estar sola toda la noche y ahora estaba de feliz de estar acompañada, ya había llorado anteriormente cuando hablo con el Padre, se había lamentado y había pedido perdón y también abundancia en su corazón para soportar lo que podría aun venirse sobre ella, ¿Qué le depararía esta madrugada? ¿Cómo seria la navidad en la iglesia con un desconocido? El desdichado se limpio con el saco su boca y ella le pregunto si quería mas a lo que el contesto que no, que era suficiente, y con mucha pena pregunto si podía quedarse esta noche a dormir ya que los refugios estaban muy lejos y no tenia un solo quinto en la bolsa, ella sin dudarlo le trajo una taza de café, le ofreció una cama que utilizaba el Padre los fines de semana y le ofreció dormir ahí, le iba a preguntar si ella se quedaría a esperar al Padre o se iría pero se lo guardo, en cambio le pregunto porque no estaba con su familia, o porque no estaba festejando la navidad en un lugar con sus amigos, ella le contó algo de su historia de cómo había ido perdiendo la esperanza y su lugar frente al mundo y consigo misma, su hambre e ilusión es por eso que había optado por venir a la iglesia en búsqueda de paz y motivación para encontrar el camino extraviado, y desde hacia ya 3 meses se quedaba por las noches a rezar, a limpiar, a prender mas velas y a cuidar la iglesia. El desdichado había notado en esa sonrisa el mismo sentir que en su propia tristeza, desanimo, desilusión, un aire de falta de esperanza pero también notaba que el estar acompañado de alguien cambiaba el ánimo, se sintió en calma, se acerco a ella y le agradeció enormemente el apoyo y la comida, le acaricio la mejilla y se la beso. Su beso no fue atrevido ni siquiera en búsqueda de algo mas, fue con el objeto de agradecerle su compañía y retribuirle algo de su sentir a causa de ella, ella se levanto en silencio y le dijo que ya estaba por llegar la medianoche y había que hacer sonar la campana del templo. El se ofreció y subió rápidamente, no le dolían los pies y sentía una nueva vibra, se paro de donde se tiraba la cuerda y la hizo sonar, 1, 2, 3 veces. Le salieron lagrimas de sus ojos al escuchar algunos gritos de jubilo provenientes de algunas casas aledañas, estaba vivo, estaba acompañado, y sentía el estomago lleno, estaba en la casa de Dios en plena navidad. Bajo al cuarto de nuevo donde estaba ella y se sentó de nuevo, ella le había llenado de nuevo la taza con café y le pregunto por su familia, el le explico como había sufrido todo el año de desventuras y también como no podía encontrar su historia de nuevo, había olvidado todo y sentía un vacío en el alma, pero también que sentía algo de esperanza en su corazón. Al final seguía sin ningún rasguño que no pudiera curarse y quizás debía empezar de cero de nuevo pero que mas da, tal vez seria un comienzo. Ella estaba junto a la cocina bebiendo su café mientras tenia el rosario agarrado en su mano, le tomo de su mano y lo levanto diciéndole: no nos hemos dado el abrazo de navidad, las campanas ya sonaron y escuche el jubilo afuera, el desdichado vacilo pero le abrazo fuertemente, ella también, oyó un sollozo que le erizo la piel, pero no la soltó ni un instante en cambio le abrazo mas fuerte. Era el abrazo mas bello que había recibido en años, ella le dijo que fueran hasta el nacimiento que la Iglesia ponía todos los años, hizo una oración que el no alcanzo a escuchar y después le acompaño hasta la puerta para cerrar la iglesia, un aire frío venia de afuera y el se asomo y se le escapo un suspiro de sorpresa, le tomo por la mano y le dijo que si alguna vez había visto la nieve, ella le dijo que no recordaba cuando, entonces abrió un poco mas la puerta y salieron. La nieve caía desde el cielo, blanca, elegante con su pureza intacta, vaya noche, extraña navidad, ella saltaba de jubilo y le tomaba de la mano pero el solo se mantenía afuera de la puerta, sus pies estaban helándose pero estaba sonriente de compartir la alegría y de haber dejado el callejón para otra noche, después de un rato entraron, ella le preparo la cama pero el insistió que ella durmiera en ella, ya había hecho demasiado por el y se sentó a dormir en la silla que había recargado junto a la pared. Ella le dio un beso en la mejilla y se durmió, allá afuera siguió nevando durante gran parte de la noche. El desdichado se levanto temprano, tomo unas pantuflas del Sacerdote y dejo una nota para ella en la mesa, se arreglo el saco y salio a la calle con el alma en paz, vivo de nuevo. Desde esa noche, antes de la medianoche alguien entra a la Iglesia en silencio, se acerca al altar, hace una oración y espera a la mujer de velo blanco en el pasillo con un rosario en la mano gustoso de verle, ahí afuera la majestuosa Catedral con su Ángel desde el techo vigila la ciudad”

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