martes, 13 de diciembre de 2011

Mundo de Morfeo (5ta. Parte)

Extraños en una tierra conocida por todos, viviendo de prisa en un mundo que se muestra eterno, el placer de elegir como disfrutar del momento y de sus pasajes en silencio frente a los ojos que nos desnudan el alma. Mundo de Morfeo

“Lo cierto fue que esa noche no hubo estrellas en el cielo, lo cierto fue que la mañana amaneció triste y melancólica llevándose las sonrisas de los hombres, destruyendo en aras de construir. Cuanto desamor se huele aquí, cuanto olvido arropando las ropas de los seres humanos robándoles el disfrute de la mano que toma a quien quieres o amas, incluso esos arboles alrededor de los grandes edificios de hierro se ven cabizbajos y desangelados. Esta violencia no se va, destruye, intimida, robándonos la libertad y corrompiendo los corazones, es nefasto e insostenible. ¿Qué será? No lo se, mas esta noche lluviosa y gris, se escucha caótica, se siente apesadumbrada, sin embargo, siempre se debe tener esperanza. ¿de donde vendrá esta lluvia? mas de uno podría echarle culpa al cambio climático, a la naturaleza que esta modificando las estaciones, al ser agredida por los hombres que pueblan esta ciudad de contrastes en un mundo que asemeja a ese añejo aroma de antigüedad con un filtro de modernidad  adherida a las paredes de los edificios hechos de adobe sosteniéndose en el tiempo aun, con el paso de tantos años y todos se han olvidado de ver hacia arriba, de ser así, ni asombrados ni preocupados se darían cuenta que existen quienes se ocultan donde no hay mas techo que ver, allá en lo mas alto del edificio de 5 pisos, por encima y lo mas lejos de todos, el insulso bohemio y poeta ligero de cascos disfruta del grisáceo que impera en el cielo, pues hoy puede ocurrírsele  absurda poesía que llegue al corazón de los hombres en una tarde como hoy, podría arrojárselas cual red para atrapar presas desde el cielo o mejor, bañarlos cual lluvia fría que llene la ciudad por horas . Renacería emociones que muchos pasan por alto, dejando de ser un insulso escondido tras una mascara y una gabardina larga, sorprendería a mas de uno aludiendo a la poesía como arma para generar una muchedumbre, juntándose bajo esta lluviecita que esta apagando el día sin llegar al mediodía siquiera. Citaría a Neruda, a Borges, a Sabines lo resolvería con un micrófono que se escuchase en todo el centro que hoy camina en silencio, escuchándose solo el eco de sus pasos al pisar el pavimento en un acto reflexivo, cotidiano, pesado o quizás normal, el no lo sabe, solo percibe desde arriba que es aquello allá abajo que le causa ese temor o ese pedazo de ansiedad. Y ahí mientras veía llover desde arriba en esa mañana sin sol con todos caminando a paso redoblado cual militares en marcha decide regresar a su hogar, brincando azotea tras azotea, con la ropa mojada y la piel titiritando, su botella acompañándole siempre en su bolsillo da un fuerte trago e ingresa por la puerta que lleva a las escaleras del edificio donde habita, había que hacer algo. El edificio se encontraba en la zona antiguamente llamada centro histórico y que hoy solo lleva el nombre encontrándose totalmente abandonado solo adornado por los afiches que esta tarde decoraban por fuera y por adentro, allá afuera los políticos debatían, haciendo fuerza de su oratoria en aras de convencer en plena campaña a los ciudadanos. Los discursos afloraban de todos los participantes; educación, seguridad, mejores condiciones de vida, una mejor república para sustentar lo que necesitamos. Las ideologías de los hombres chocando entre si cual gallos de pelea, cual paredes en una casa cayéndose, defendiendo en lo que creen y hacia donde dirigir el destino de los hombres pensando en ayudar o ayudarse a sí mismo. ¿Cómo definir cuando una persona decide que es mejor para el otro? Los ideales de los hombres son extraños caminos que no todos caminamos y el se mantiene aparte. El cambio de ropa y una larga ducha le devolvieron su realidad. Abrió la ventana de par en par y corrió las cortinas dejando que el frío trepara por las paredes e ingresará al departamento volando sobre los muebles, se regocijo ante la naturaleza, disfrutando de esa sensación en que los deseos se cumplen o mejor dicho coloquialmente, cualquier cosa puede pasar. Las paredes del departamento ataviadas de ese color sepia con grandes mascaras  tristes, sonrientes, temerosas, alegres, intimidantes, envolviendo cada historia en un rostro, cada mueca reflejada en un sentimiento que llenó el corazón y que fueron coleccionadas durante años en viajes por el mundo buscando encontrarse en ellas, saciar ese vacío existencial que se apodera de él, mas en días como estos, sin embargo, bajaría y caminaría en sentido contrario esperando de nuevo a la lluvia que solo parecía irse por horas, nadie dudo mas de la chica del clima al recordar el pronostico del tiempo. El Bohemio salió del edificio con su saco de pana oscuro sin  paraguas, sus botas golpeaban charco tras charco, en sentido contrario a aquellos que debajo de sus trajes y sus maletines repletos de papeles iban hacia sus oficinas, despachos a replegarse tras puertas de cristal a hablar de tecnicismos, cifras y como vender siempre mas, el alguna vez fue uno de ellos, pero ha decidido olvidarlo al menos por unos meses, o tal vez solo tuvo que jugar a lo que todos juegan aquí. Las personas corrían al metro, otros se alimentaban brevemente para continuar la jornada y el, cual turista en tierra extranjera, no sabía a donde ir pero disfrutaba de la incertidumbre, este día representaba su cambio de actitud y el enfrentamiento con esa nostalgia que rompe su esquema de vez en cuando y le invita a tirarlo todo a la basura, haría lo opuesto a lo que regularmente hace. No dormir toda la tarde, no música de tragedias, no leer viejas anécdotas, hoy se hará un camino nuevo. En las afueras del centro histórico llegando a la gran plaza donde comenzaba la modernidad, caminó viendo desde el cristal las tiendas alrededor, sin ganas de saber de nada que fuera materialismo, a punto de sentarse en un café donde pediría una gota de vino que trajera la luz a este cielo, frente a él la luz no llegó por la botella que estaba por pedir, sino por la mujer de botas altas y mirada penetrante dulce como la miel, en sus mallas oscuras y su sonrisa que despezaba las almas de los hombres como el, no supo sino solo tragar saliva. Estaba a punto de beber de la botella cuando decidió acercarse, que podía pasar que no hubiera pasado antes, además hoy el frío tenía un nuevo significado. Sin decir nada, comenzó a hojear los libros y las revistas, sin dejar de verle. Ella se mantenía cerca y lejos de él, entonces el dijo:

-          Letras, letras y más letras, uniendo estas palabras que solo sirven para prolongar lo que el corazón esta por decir con este sentir que rompe los moldes de los desalmados
-          ¿Qué quiere decir el corazón? Dijo ella mirándole curiosamente
-          Será el amor una pintura tan abstracta como un Picasso que se entiende pero no se sabe que Es,
-          ¿Entender el amor?, has vivido en una pesadilla, el amor no se le debe entender.
-          una expresión caótica, sencilla y desinhibida que refleja lo que tu alma dice ¿eso es acaso? Contestó él cautivo dentro de esos ojos como un naufrago ahogándose en el mar abierto
-          Exacto. El amor es un arma que corrompe los corazones de los desalmados, los convierte en amantes de una sola mujer y les borra de la memoria tantas noches de vicio.
-          Debo haberme equivocado de profesión, srita?
-          No puedo decirte mi nombre, conservaremos dos cosas en común, la búsqueda de una poesía que sienta el corazón y de nuestros nombres olvidados bajo la lluvia.
-          Tenemos un trato mujer de la modernidad, me acompañara hacia donde voy? Allá tampoco existen los nombres, solo los techos de los edificios, las mascaras de los hombres y las botellas que se sostienen de la mano de los insulsos seres.
-          ¿Qué existe allá, que no se encuentre aquí en los alrededores?
-          Muy simple, es algo que no se compra, ni se vende, es algo que el frío en una tarde gris trae en ciertos lugares de la ciudad. Acércate un poco, te diré donde es.

El Bohemio le susurró la dirección al oído, dejándole ahí pensante, dio media vuelta no sin antes pagar por la botella y decirle al mesero se la dejase justo en las manos de esa bella mujer sin nombre. Y así botella en manos, solo pudo sonreír ante tanta insolencia. La tarde comenzaba a gestarse en el cielo y la probable llegada de la lluvia se acercaba a la ciudad como la navidad anunciaba su llegada inminente en diciembre, es probable que los que caminan siempre por la misma ruta con su maletín abogando por una tarde diferente terminarían displicentes evitando charcos y tráfico. Que sorpresa se llevarán, cualquier día en cualquier lugar, los mundos imperfectos gozan de ese momento donde todo parece de papel. Al llegar a su departamento, El Bohemio bajó libros de los estantes y empezó a leer un párrafo aquí, otro párrafo allá recitando infinidad de palabras y oraciones, pareciendo mas un orador de secundaria o un político de los afiches solo que aquí los temas no existían solo la sencilla necesidad de expresarse, romance, sueños, miedos, anhelos, anotaba todo aquello que le gustaba en la lectura; era una idea surgida justo al caminar por los callejones de este centro llevado al limite por aquellos que trajeron la modernidad y es que no sea mala pero puede ser viciosa, chocando con los que iban a su paso, disfrutando del paseo pero con prisa por empezar a crear eso que le convertía el corazón en palpitares recurrentes, y el pensamiento de quien le ayudaría aunque aún no se lo había solicitado. La escucho desde las escaleras, subiendo con paso seguro pero tenso tocando la puerta sin saber mucho que esperar, y el abrió sonriente dándole la bienvenida con un hola que llenaba la sala:

-          Pensé que era un mito lo que decían de este lugar, no sabía que esperar, pero dije que no debía esperar nada.
-          Cuando llegues a un lugar nuevo, si no esperas nada, no saldrás decepcionada. Lamento el desorden pero la tarea es ardua. ¿Qué dices, me ayudas?
-          ¿a hacer tu tarea? Dijo ella sonriéndole
-          A realizar un ejercicio de comportamiento humano. Ya estás aquí, anímate, que la tarde pronto se irá y ya no es tan seguro andar por las noches en este barrio.
-           ¿y que ganaré? Apenas te conozco, no me querrás obligar a hacer algo que no quiero.
-          Estás aquí por decisión propia y te quedarás por lo mismo, al obligar a una persona a realizar algo en contra de su voluntad probablemente saldrá mal, ven, te explicaré y verás que te irá muy bien.

Dos personas sin nombre en un mundo atiborrado de nombres y apodos compartiendo una tarea en el 9no piso de un edificio, las mascaras compartían sus miradas apreciándolos como la conversación fluida cambiaba las muecas de ellos mismos y revitalizaba su perspectiva de esta tarde, pero siempre, existe algo que lo hace explotar en cientos de pedazos. Apresurados por el olor a lluvia que impregnaba de nuevo el aire frío que iba y venía, llevaron dos grandes cartones a la azotea del edificio, se acercaron casi al borde de la fachada desdoblando una gran manta que comenzaron amarrando en los pilares del edificio apoyándose para no caer al vacío. La manta se desplegó y se anunció por altavoz el porque de ella y el para que de esta tarde, el aroma penetrante a lluvia y el anuncio los hizo voltear hacia arriba. Desde el cielo empezaron a volar aviones de papel de todos los colores, en ellos escrito párrafos poéticos, frases vivientes y metáforas clásicas, firmados por el centro histórico de la ciudad. Poetas, filósofos, compositores, todos descendiendo en los aviones de papel llegando a aquellos que se habían olvidado de sentir, de expresarse, de renacer en sus bocas una sonrisa aunque fuera una tarde gris, minutos después con los habitantes de la ciudad abstraídos en el cielo y en la caída de los aviones de papel, la lluvia llegó, sin darles tiempo de usar sus paraguas, se dice que en muchos años, no había tanta gente bañándose con la caída de la lluvia, al final de la tarde, nadie supo con certeza de donde habían provenido dichos aviones. Una vez al mes, un par de personas sin nombre, aparecen en alguna azotea arrojando aviones de papel compartiendo esa gota de ilusión en los corazones de los hombres. En cualquier día en cualquier lugar, los mundos imperfectos gozan de ese momento donde todo parece de papel. Mundo de Morfeo”

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