jueves, 8 de agosto de 2013

La Cabaña

“Había una vez...en un pequeño Reino donde habitaba una doncella de ojos oscuros como la noche y brillantes como la luz del día, cuidada por su madre a todas horas en un mundo de cobardes y usureros, la belleza y la inocencia eran codiciadas…el Reino era bien conocido en tierras aledañas puesto que poseía un singularidad que atraía, fiel reflejo de aquellos Jardines de Babilonia que aquel Rey mando construir para su Reyna. Los jardines del Reino y sus grandes praderas así como sus flores de todos los colores y aromas afloraban, los reinos vecinos visitaban a menudo la tierra para cortar flores, recibir el aroma de sus pétalos al igual que los amantes que se ocultaban entre su flora para besarse a ciegas. Su madre siempre atenta hablaba con la doncella a menudo de esos forasteros de los que había de cuidarse, conservar siempre la dignidad y no dejarse llevar por los mundanos ritos del amor y sus placeres, la doncella asentía, siempre temerosa de esos cuentos que escuchaba entre sus amigas de caballeros y lacayos, de dragones y demonios, de sueños rotos y romances prohibidos…durante tardes enteras se debatía entre vivir o no vivir, entre sentir o no sentir, el amor esperaba ahí afuera en los brazos de un desconocido. La aventura impaciente le llamaba en algún lugar ajeno a su tierra. Gustaba de cortar flores…lirios, girasoles, rosas, lilas, su vestido en color rosado reflejado sobre ese cuerpo tan hermoso y sus ojos negros, era un oasis en el desierto. Consciente de que su permiso hasta cierta hora y determinados lugares, la doncella desde su castillo con la mano en su barbilla se asomaba para ver a la gente congregada alrededor de las chozas y el mercado de la ciudad donde se realizaban las operaciones comerciales, mientras caballos y caballeros iban y venían. Sus flores eran las más vendidas y mañana podría ejercer ese rito urbano del trueque. Ese día camino al mercado decidió vender sin su título de princesa, se vistió totalmente informal, escapo del castillo y camino durante varios minutos a paso lento para evitar cualquier obstáculo, quería  valerse por si misma, sentir lo que sentían ellos sin títulos trabajando siempre…se situó en un lugar diferente esta vez. Ávida de algo nuevo, se encontró en el mercado como una persona mas, sus flores se vendían solas y ella contaba y contaba monedas ilusionada porque sus ventas eran reflejadas por su trabajo y no por su titulo. Y así al final de la jornada contenta por sus ganancias, de regreso al castillo, descubrió el circo de la ciudad…desde niña visitaba las carpas de los circos cuando el Rey debía asistir a algún acto de protocolos o los circenses querían agradecerle la estadía y visitaban el palacio. El circo era enorme, mas bien era una feria, se aventuró entre las carpas y se introdujo en una de ellas…el teatro guiñol donde esos titiriteros amantes de contar las historias, creando personajes de cartón, usando esas manos mágicas para interpretar historias…impactada por sus movimientos y las sonrisas que resonaban dentro de esa carpa. La doncella recorrió cualquier cantidad de carpas, juegos, actos de comedia y tragedia para enamorarse de esos cuentos que ella nunca había tenido pues siempre había sido protegida por su madre en espera de un buen partido. Todo lo que tenía eran sus flores que vendían de vez en cuando, pero su felicidad aumentó ahí frente a esos personajes inventados. La noche comenzó a llegar y la tarde a escaparse frente a ese cielo rojizo siendo bloqueado por una lluvia que se avecinaba, la doncella comenzó a andar aprisa corriendo para volver a su rutina, ahí frente a las primeras gotas que comenzaron a caer mas fuerte a cada segundo, se refugió bajo unos grandes arboles a esperar que bajase, de seguros sus padres estarían preocupados al ver la lluvia torrencial y saber que su hija se había escapado, ahí cerro sus ojos ante los fuertes relámpagos cuando su vista encontró una cabaña, se mojaba aun bajo los arboles y los relámpagos continuaban. Se agarró su vestido y corrió lo mas fuerte que pudo y toco abrumada la cabaña, la puerta se iluminó abriéndose al instante, la luz le bloqueó su vista y al ingresar cual fue su sorpresa  que se encontró con un mago ataviado con su capa oscura acompañado de su sombrero verdoso y maltratado y un manojo de cartas en sus manos, en su mano un anillo color azul brillaba. El mago estaba de pie y una fuente detrás de el echaba agua hacia el cielo y no parecía descender nunca. Alrededor de la cabaña juguetes que jamás había visto, toboganes que desconocía, grandes ollas con burbujeantes gotas de una comida cuyo aroma rebosaba de sabor. Impaciente por preguntar donde estaba y el porque de la magnitud de dicha cabaña, el mago dijo: de seguro te preguntarás que lugar es este…así que ten, y de su manga le otorgó unas flores como las que ella cortaba…es tu cabaña, tu corazón, tu mente y esos sueños que hoy has dejado. Aparecí por la única razón que tu vienes a mí… ¿buscas aventuras? ¿Qué te gustaría ser? Aquí lo tienes todo y te acompañaré, te llevaré de la mano hacia esos caminos donde no has caminado, a esos sueños donde no has llegado, a tus raíces las cuales no has cortado…la doncella sonreía y no sabía que decir salvo por esos ojos centellantes que le decían que fuera hacia delante…la vida era muy corta para estar detenida. Aspiró las flores y le dio la mano al mago que subió a la fuente y le dijo tapate tu nariz y se arrojaron por la fuente que los llevó hacia arriba al segundo piso. Sentémonos ordeno el mago y aquellos títeres de cartón cobraron vida para el asombro de la doncella, olían su cabello con asombro y cantaban a su alrededor y ella feliz les sonreía mas cuando le invitaron a bailar, no recordaba la ultima vez que lo había hecho. El mago con su truco los alzo en el aire y tiro serpentinas alrededor acompañado de dulces que caían en sus bocas. Una fiesta que se llevaba todos esos vacíos en su estomago cuando sentía que la rutina se apoderaba de ella…a continuación de la mano del mago el paisaje cambió y se encontró con su futuro. El castillo estaba en ruinas y ella aún cortaba flores y caminaba al mercado acompañado ya no de varios guardias sino de uno solo que parecía aun mas acabado que ella. Era presa de aquello que se veneraba ya el mundo no era de reinas y reyes sino una sociedad demócrata donde no había lugar para guardar las apariencias…el mago se acercó a sus ojos brillantes como las estrellas y le dijo nunca se te olvide ver hacia arriba pero sin dejar de ver donde pisas porque puedes caerte…la doncella se acercó a esa mujer canosa conservando las joyas que ahora se denotaban demacradas y se vio de frente con ella, la ilusión era muy real y se despojó de las joyas y se las regalo al mago diciéndole que no eran las joyas sino el carácter y la humildad lo que hacía a las reinas. Consciente de lo mucho que estaba cambiando y de esa iluminación que sentía pasar por su corazón, la doncella recorrió el bosque iluminado por luciérnagas y duendecillos que el mago había dispuesto para que le acompañaran, eran colores y luces que jamás había visto cual cuento de hadas ahí, ella camino entre arboles y animales desconocidos, entre flores y música que no entendían de donde venía hasta que apareció bajo el árbol tan grande que se perdía en el cielo una caja grande cual tesoro pirata en cofre de madera. El mago le dijo: esta es la caja de Pandora como aquella historia de la mitología griega pero aquí solo se guardan tus sueños, es tu caja con tus horizontes, limites y aventuras que solo tu conoces…lo que alimentes con tus actos y con el corazón ocurrirá, te cuidará y siempre podrás recurrir a ella cuando te sientas perdida en el cielo de la vida. Es tuya, y solo tuya. Tomo la caja entre sus manos y la levantó y justo ahí el mago se esfumo así como la cabaña junto con el. De nuevo se encontraba en el camino que llevaba a su castillo, la lluvia se había ido y el arcoíris había aparecido, la doncella subió a la terraza donde sus padres la esperaban…le abrazaron tan fuerte como nunca y ella se disculpó de su escape cuando preguntaron que tenía la caja ella sonrió…es un regalo del cielo dijo y se fue a su habitación. Se dice que en el Mundo de Morfeo, la doncella recorre siempre los circos en búsqueda de aventuras, ahora sus flores son más brillantes, su sonrisa más sincera y sus sueños siempre están ahí forjándose en la caja. Del mago solo se sabe que aparece una vez cada 100 años para recordarnos cuan importantes son los sueños.”

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