“Fue un acto fortuito, una
anomalía en la noche que engullía la ciudad con su oscuridad y sus estrellas
prendidas en el cielo como collares de perlas de las Diosas. A él le encantaba
la noche, cierta parte de su alma le pedía enfrentarse a ella, abrazarle,
dejarse influenciar por la Luna y los ruidos que emanaban en las calles…el
ruido, los cuchicheos y el sonido que hacen las copas al chocar. No supo como
ocurrió, en alguna parte de su mente, en una conversación de madrugada, escuchó
su apellido, y arrastró una serie de recuerdos en ese apellido tan común pero
tan marcado en él…una palabra, un verbo conjugado y una canción desafiante en
el eco de ese nombre. Dijo que había perdido la noción del tiempo embargado por
esa nostalgia y ese amor propio que le impedía cerciorarse de lo que había
escuchado. Porque somos orgullosos de nuestro silencio, esclavo de nuestras
palabras pero jamás podemos ocultar los hechos. Coincidió, un nombre común, en
una noche común de una ciudad común…tantas historias ahí afuera que uno se fija
en las mas indiferentes, pero cuidado con el pasado, porque algunas veces,
reaparece como Rey perdido, o monstruo detrás de la puerta o vestido de gala en
un lugar iluminado. Para él apareció en una palabra que destruyó su burbuja y
reactivó sus sentidos. Caminó trastabillando por las banquetas entre la gente,
los autos y los semáforos…desventurado, atribulado por los va y viene de su
historia, se jactó de su fuerza en sus actos, en sus virtudes, desaprobó los
defectos y solo se alimentó de los buenos momentos para sentirse
ganador…apreciarse vencedor de las consecuencias que pintaron nuestras
historias de uno u otro color. Pidió un taxi a casa, excusándose ante sus
amigos de sentirse mal…durante el trayecto imágenes deambularon en el techo del
taxi y en las ventanas por los edificios donde pasaban…cuantas experiencias,
cuantos besos y cuantas caricias tatuadas en la piel…llegó a casa se dio un
baño y pulsó el ordenador…buscó, buscó, y buscó dando vueltas y prefiriendo no
encontrar, pero bendita tecnología, nos tiene a todos conectados evitando que
nos ocultemos. Es un culto al ego…resistió y fue a dormir, una pastilla
acompañado de una película era su forma de inducirse al sueño y evitar
tonterías…despertó en medio de la madrugada, sin luz, el calor se apoderó de la
habitación, buscó una vela o una linterna pero no tenía nada a la mano, optó
por salir a la calle, presa del calor y de la falta de luz, se sintió como un
antepasado viendo el cielo, las estrellas se postraban como ganchos en el
closet ¿Cuánto tiempo sin mirar el cielo? ¿Cuánto tiempo sin ver la displicente
Luna? Durante esos minutos evocó recuerdos que había olvidado y olvidos que
ahora se habían hecho recordatorios…Que extraño, sus manos parecían sentirse
pesadas pero su mente ligera, atribulado por la confusión de pensamientos,
bebió una copa en la oscuridad brindando con la Luna para comentarle que es
posible que en algún lugar de la ciudad…ella también estuviese viendo la Luna y
sus estrellas cual acompañantes en una noche sin luz. Llamó a la radio para
pedir aquella canción que tanto le gustaba…y de paso reportar que en el sector
la luz se había ido…El teléfono sonó una, dos y tres veces hasta que se escuchó
un HOLA del otro lado de la línea…se quedó en shock, había soñado con verla,
rozar su mano por casualidad, impregnarse del aroma y el tacto de su piel
aunque fuesen segundos, pero ante esa voz que se arraigo en el corazón estaba
impávido, como no reconocer su HOLA en el teléfono si su voz le quitó el
aliento…estaba por colgar el aparato, cuando la palabra fue repetida…tantos
años, tantos pasajes, tantas páginas escritas y sin embargo, le estremeció el
cuerpo, la reconoció al instante, había evocado su nombre, había pedido por que
ausencia se notase y aquí por ese resquicio del destino de millones de personas
en el mundo, ella contestó...
-Hola dijo él,
-si diga ¿en que podemos
ayudarle?
-En nada
-¿En Nada? Señor este es un
servicio de fallas, no es para jugar
-¿Reportan fallas por
corazones rotos?
-No Señor, me temo que esta Ud.
equivocado.
-¿Aún te muerdes un poco el
labio cuando estas nerviosa?
-Ella carraspeó…Señor ¿Le
conozco?
-No se contesta con otra
pregunta…Intente de nuevo
-Le repito Señor, si Ud. está
jugando una broma, está siendo de mal gusto.
-Apuesto a que hiciste la
mueca donde tomas tu cabello y pones los ojos en blanco…Hablo
Para reportar la falla de luz
de nuestro fraccionamiento y de paso solicitar una canción.
-Gracias Señor, en un momento
le tomo los datos. ¿Qué canción quiere?
Ella tomó los datos de la
falla y cuando él le mencionó el nombre de la canción, el silencio se apoderó
de ella opacado solo por el retumbar de sus latidos, tomó nota pero su mente
estaba en el ayer y sus consecuencias con el hoy…el escalofrío del recuerdo
recorrió su cuerpo como las huellas dejadas en las calles…entonces lo supo…y en
un Gracias por ayudarme se terminó la llamada. El sonido del teléfono siguió
ahí como los latidos del corazón. Ella salió a respirar aire fresco puesto que
la oficina le parecía angosta…posó sus manos en el barandal del balcón y vio el
cielo…ahí las estrellas colgaban como ganchos en el closet. ¿Era él? Por
supuesto, el corazón no miente, ¿Por qué hoy? La luna brillaba intensa, el
viento era nulo y el calor fuerte, pero el sudor emanado del cuerpo era de
quien había visto un fantasma, un recuerdo o un no sé que, llevo los
pensamientos a esas tardes en la banca, tanto hablar, tanto conversar, todas
esos atardeceres compartidos sin dejar que nada se atreviera a
interrumpirlos…sin poesía en la boca, sin flores de jardín, sin picnics. El
pasado y el presente siempre van tomados de la mano como del futuro aún cuando
este sea incierto…Había que tomar una decisión, ante ese retumbar del pecho y
ese rechinar de la mente, esas voces no se acallarían al menos que se viese
frente a frente, en donde fuese…que sus miradas chocasen como dos autos en la
carretera, que sus rostros se enfrentasen como dos opuestos…son siniestros
pasos los que el destino nos ofrece en la vida diaria. Durante días lucharon
contra sí mismo, cual ajedrecistas no quería ninguno hacer el primer movimiento
Que desencadenara un temblor
sobre sus almas, ambos pensaron en hablarse, verse, decirse, rozarse aunque
fuese por error…pero el Eco traería consecuencias y vivir de ellas es lo que
nos define como personas. Se sentó en el restaurante donde desde hacía un par
de años iba con mucha frecuencia ordenó el mismo platillo mientras platicaba
con el mesero…admiraba sin razón alguna la calle y sus caminantes…de su mente,
se expedían cualquier tipo de pensamientos desde jugadas de beisbol hasta
recuerdos incoloros y olvidos en color sepia, incluso una canción se le pegó un
poco por el sonido de un auto. El mesero regresó, puso dos platillos iguales,
acomodó las bebidas, y se marchó, estaba a punto de gritarle, cuando ella se
sentó frente a él. Vestía un fino vestido color morado liso, de sus mejillas un
toque rosado sobresalía, tan hermosa como siempre, un brillante adornaba su cuello…le
gustaban tantos sus ojos que incluso aun cuando cerrados estaban le parecían
hermosos y osados…Ella no dijo nada y él tampoco ambos comieron en silencio,
era justo lo que él deseaba, verle aunque fuese en silencio, pasarle la sal o
la salsa, verse a los ojos de vez en cuando, rozar sus manos por casualidad
cuando tomaban sus copas…impregnarse del aroma de su piel aunque fuese un segundo…de
entre millones de personas en la ciudad, se encontraron en el mismo lugar a la
misma hora compartiendo una mesa como se comparte la fila en un súper, o los
tragos en un bar o pagando en el banco. Se atrajeron como los imanes o la luna
al mar y ahora era una plática entre los dos por medio de sus pensamientos a
través de los ojos, las miradas decían todo al igual que esa energía que
emanaban entre ambos…pagó la cuenta y ella se levantó justo después del postre
en el que las cucharas chocaban como sus corazones se unían sin tocarse…una
anomalía en una ciudad de abrazos pospuestos…Le vio marcharse mientras devoraba
su silueta recorriéndole la espalda con la mirada y besándole el cuello con la
mente…al llegar al lugar de trabajo, ella se encontró un pequeño sobre, una
frase impresa venía sobre la nota y un número telefónico. Le ofreció una válvula
de escape en un mundo de caminos truncados, una sincera solicitud. Tomó un
largo suspiro que estremeció su cuerpo, y su corazón palpitó, deseó con todas
sus fuerzas tomar la decisión correcta y no cometer un error pero ya no había
lugar para no aceptar los riesgos, quería irse, escapar, ser arriesgada y
aceptar que en ella no cabía lugar para la cordura…Marcó el número y dijo HOLA
en el teléfono, como no reconocer su HOLA, si sus labios fueron alimento de su
alma, deseo de su ser, caricia de sus sueños, una anomalía en una ciudad sin
milagros…Ella camino a la puerta y la cruzó dispuesta a enfrentarse,
entregarse, a lo que fuera que existiría ahí afuera, no dejo recados, no dijo
nada, solo se marchó…Detuvo sus pasos en el parque cuya colina se alzaba verde
y desafiante sobre la ciudad…caminó con la partida del Sol bajo un cielo
rojizo, en el suelo, unas flechas le indicaron un camino, sorprendida caminó
para luego correr por las flechas que de vez en vez le hacían dar vueltas para
retornarle al camino, fue subiendo y subiendo mientras la ilusión crecía como
una nube en el cielo…Se encontró con la última flecha, en el tope de esta se
encontró con una banca de colores, llevaba la nota en el bolsillo llegó a la
banca y pegado al asiento, un dije colgaba de una pulsera…reconoció al instante
el ave, recorrió con la vista la colina pero no logró ver a alguien, se sentó
mientras se ponía la pulsera…descubrió la bella vista que desde ahí se
vislumbraba admiró el cielo y los
edificios de hierro de la ciudad como se admira una flor en un jardín de
espinas…mejor vista no se podía tener, mejor cielo tampoco…Recordó la nota y la
leyó de nuevo la frase y su oferta: “Te ofrezco lo único que puedo ofrecerte:
un atardecer, un detalle, un abrazo sincero y un beso que venga del corazón”
cerró los ojos mientras el viento mecía sus cabellos cuando sin preámbulo, unos
labios se posaron en los suyos cortándole la respiración y unos abrazos le
rodearon la cintura…se abrazó de él tan fuerte como se adhiere el árbol a sus
raíces…dos fuerzas encontradas, en el teléfono una canción comenzó a
sonar…bailaron tomados de la mano y en silencio…mientras el Sol se alejaba de
ellos para dejarlos solos…Se cuenta que cuando en el Mundo de Morfeo aquella
canción suena, es porque esos dos sentados en la banca de colores están tomados
de la mano”.
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